Ejemplos ?
Díme: ¿acaso dejaste la vibradora selva, donde enredar solías tus plateadas hebras en las obscuras ramas de las frondosas ceibas, por venir a mi alcoba en el misterio envuelta, como una envidia muda, como una viva mueca?
Traía tranzados los cabellos con unas cintas blancas de hiladillo; pero tan largo el tranzado, que por las espaldas le pasaba de la cintura; el color salía de castaño y tocaba en rubio; pero, al parecer, tan limpio, tan igual y tan peinado, que ninguno, aunque fuera de hebras de oro, se le pudiera comparar.
Cogió Floraldo fiebre de amor viendo, a la salida de misa, a Claraluz, que alumbraba la penumbra del pórtico con el fulgor de unos ojos azules incomparables y con la irradiación de una cabellera que de las mismas hebras del sol creyérase entretejida.
¡Que todo lo que vamos descubriendo nos sirve de sonda para lo que aún ignoramos! No pretendamos envolver con los sentidos, pobre red de cinco hebras, la enigmática realidad.
Reciba el esposo con feliz pacto a la divina, sea dada, ansioso ya hace tiempo, la novia al marido. corred guiando las hebras, corred, husos.
Los relámpagos sin serie de retumbos, a manera de gigantescas cabelleras de fuego desplegando sus hebras en el espacio lóbrego, contrastaban por el silencio con las rojizas bocanadas de las armas seguidas de recias detonaciones.
(Como empieza acaba.) Enero de muchos hielos, febrero de muchas hebras, marzo de molinas (aguas menudas), abril lluvioso y mayo ventoso, hacen el año florido y hermoso.
Las paredes y los techos están llenos de pinturas de su historia y religión; y les gustaba el color tanto, que hasta la estera con que cubrían el piso era de hebras decolores diferentes.
De la rubia cabellera Que floreció tantos mayos, Antes que se convirtiera, Hebras tomó el Sol por rayos, Con que hoy alumbra la esfera.
Hasta el vértice de aquella pajiza techumbre llegan las guaduas que se cruzan en arcos ojivales; más abajo se entrelazan los chusques, formando tupida, erizada bóveda de verdura; cuelgan de las vigas racimos dorados de plátano guineo, gajos descomunales y artificiosos de naranjas y enormes ramos de espigas rojas de cardo y de flor de uvito; ringleras de palomas de cuerpo de cera negra y de cola y alas de papel plegado en forma de abanico medio abierto, se mecen al extremo de hebras sutiles...
¡Vano anhelar! la trama de su vida Nadie logra romper; nadie separa Los negros hilos de las blancas hebras. ¡Y qué blancas tal vez, si encuentra el alma Su inmortal, peregrina compañera, Eco perdido de su voz, reflejo De su hondo pensamiento enamorado, Que en ella se depura y enaltece, Y medra en esplendor y en hermosura, Y comprende en altísima manera La cifra de lo hermoso y lo perfecto!
ELLA ¿Quién sabe, más allá, si entre las quiebras ¡ay!, alejado de su humilde cuna, irá rompiendo sus delgadas hebras, o en fétida laguna sus muertas aguas la temida peste pálida engendrarán?...