hasta entonces

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hasta entonces

fin allora
Ejemplos ?
Podeley, libre de esto hasta entonces, sintiéndose un día con tal desgano al llegar a su viga que se detuvo, mirando a todas partes, sin saber qué hacer.
Joseíto permaneció silencioso y sombrío; la conformidad de Cayetano y de la señora Pepa, que hasta entonces tan tenazmente habíase opuesto a su partida, habían llevado a su espíritu el triste convencimiento de la gravedad de Rosalía; sin duda ésta estaba en peor estado que él había podido suponer cuando tan dispuestos veía a aquéllos a que él fuese al pueblo con la herida no cicatrizada del todo y sin fuerzas para salir de la casa, pues cuantas veces había intentado hacerlo sin el apoyo del señor Juan, hubiera dado en tierra con su buena persona.
El señor Paco, tras pasarse el dorso de la encallecida mano por los ojos, intentó arrancar a su amigo de junto a la muerta, a la vez que todos los que formaban el duelo, sorprendidos por el ruido de la terrible escena, penetraban en tropel en la estancia mortuoria, pero Joseíto, apartando un punto su rostro, tan pálido como el de ella, de Rosalía, contempló con expresión llena de atonía a todos los que le acababan de rodear, y sólo al ver a la señora Micaela, hizo explosión su dolor, hasta entonces mudo y reconcentrado...
La valoración de los episodios examinados según mi juicio, cobró otra dimensión con fuentes hasta entonces ignoradas o poco conocidas, pero la punta del ovillo – diríamos – la halló Ferreiro y me place señalarlo una vez más.
Sólo había abierto hasta entonces la boca, antes de comenzarse la dolorosa operación, para dirigir las breves y ásperas interpelaciones a doña Teresa y a Angustias, contestando a sus afectuosos buenos días.
Rosario miró hoscamente a Joseíto; éste le había estafado; ella creyó hasta entonces que el día en que ella hubiera mirado con intención a otro hombre, Joseíto hubiera salido retratado en los periódicos con el pelo de punta, los ojos saliéndosele de la cara, en una mano un cuchillo enorme y con un pie puesto sobre el pecho de su rival, el cual aparecería en el suelo sobre un charco de sangre y con el cuerpo hecho una criba garbancera.
Ya se disponía a llamarlo bruto de nuevo el señor Curro cuando el Chivati, que no había despegado hasta entonces sus labios, dijo incorporándose y dirigiéndose al de los Caracoles: -Camará, ¡y quién eres tú!, el señor Curro tiée más razón que naide; lo que ha jecho el Tobi no se jace más que cuando las cosas no tiéen compostura, y lo que el Tobi debió jacer fue lo que jizo mi compadre el de Tebas, Toñico el de la Jalapa.
Y arrimando la copa a los labios la apuró con una mansedumbre y tranquilidad admirables. Hasta entonces habíamos tenido casi todos fuerza de voluntad para contener nuestras lágrimas, pero al verle beber, y después que hubo bebido, nos echamos a llorar como los otros.
Entretanto nuestra vegetación se había alterado sensiblemente y, como ello nos había sido pronosticado, cobramos aún más fe en la previsión de los sabios. Un follaje lujurioso, completamente desconocido hasta entonces, se desató en todos los vegetales.
Si la cosa iba bien, Juan tendría que comparecer dos veces más; pero hasta entonces nadie había acertado la primera pregunta, y todos habían perdido la vida.
Esto diciendo, el buen hombre, sentándose en su barca, aparejó los remos, y cuando Sara, que no era otra la persona a quien al parecer había aguardado hasta entonces, hubo saltado al barquichuelo, soltó la amarra que lo sujetaba y comenzó a bogar en dirección a la orilla opuesta.
Una idea espantosa cruzó por su mente: recordó que a los de su raza los habían acusado más de una vez de misteriosos crímenes; recordó vagamente la aterradora historia del Niño Crucificado, que ella hasta entonces había creído una grosera calumnia inventada por el vulgo para apostrofar y zaherir a los hebreos.