Ejemplos ?
Y no hablamos del terror de la hija, porque, ya lo neutralizase la curiosidad, ya no tuviese acceso en su alma, más varonil que femenina, era el caso que la gentil doncella, desoyendo consejos y órdenes de la madre y lamentos o aullidos de la criada, ambas escondidas en los aposentos interiores, se escurría de vez en cuando a las habitaciones que daban a la calle, y hasta abría las maderas de alguna reja, para formar exacto juicio del ser y estado de la lucha.
Los sabios y prudentes se imponen voluntariamente una ley tan justa, pero sería preciso hacerla observar rigurosamente a los amantes populares de que hablamos y prohibirles estas clases de contratos como se les impide en la medida de lo posible amar a las mujeres de condición doble, puesto que no tienen derecho a amarlas.
-Pos mismamente por eso he vinío yo, poique hier tarde, estando yo en la recoba, me dijo Joseíto el Cabritero: «Oye tú, Enrique -poique el Cabritero y yo nos hablamos de tú, poique semos mu amigos y además cuasi parientes, porque una hermana de él, Rosita la Buñolera, está casá con un primo hermano mío que tiée una tocinería en el barrio de la Goleta; por cierto que es un mozo de una vez, uno de los que quitan el hipo.
Luis volvió a la noche siguiente; salimos juntos, hablamos, hablamos como nunca antes lo habíamos hccho, y como lo hicimos en las noches subsiguientes.
“Verdaderamente dos veces gracias, tres veces gracias. Nacimos, tuvimos una boca, tuvimos una cara, hablamos, oímos, meditamos, nos movemos: bien sabemos, conocemos lejos, cerca.
Si el Rey de España, en vez de dictar esas ordenanzas de que hablamos antes, en el concepto de que defendía al natural contra el conquistador, hubiera dejado hacer a éstos lo que querían, la situación sería similar a la de las colonias inglesas; pero el Rey limitó sus derechos y allí empezaron las dificultades; la política inglesa fue más hábil pero no más humanitaria.
Entonces nos referíamos a las cosas que tienen sus contrarios y a las que podíamos llamar por su nombre, y aquí hablamos de las esencias mismas, que por su presencia dan su nombre a las cosas en que se encuentran, y de estas últimas es de las que decimos que no pueden jamás nacer una de otra.
Volfani siguió mudo. El Rey nos llamó aparte, y hablamos los tres en secreto. Lo primero, como cumplía a corazones cristianos y magnánimos, fué lamentar el disgusto de la pobre María Antonieta: Después fué augurarle la muerte del pobre Volfani: Lo último fué acordar de qué suerte había que trasladársele para evitar todo comento.
Quiero también, en estos tiempos que vienen, en los que hablamos de sintonía fina, que cuando me tocó dar el mensaje ante la Unión Industrial Argentina, en la cual vamos a tener y para ello les he recomendado…”Recomendación” es un eufemismo en realidad, le he ordenado, eso para que mañana no digan que soy autoritaria, porque parece ser que los que dan órdenes a los ministros, son autoritarios, es una cosa muy extraña, yo no sé si quieren un presidente que le den órdenes los ministros a él o…no sé.
Pero cómo no, si hasta los libros de texto y las bibliografías didácticas recomendadas para “enseñar” Español abundan en desconocimientos estructurales de la lengua que hablamos.
Por esto no es purista nuestra actitud al estar en desacuerdo con el orgullo de los facilones que piensan alienadamente en lo que nefastos traductores ignaros urge-ganar-pesos y medios masivos de información descuidados dan por lengua castellana, sino una intención didáctica de preparar al estudiante de la clase de español, en el acercamiento científico a la lengua que hablamos para analizar y explicar de modo reflexivo sus transformaciones y enriquecer válidamente sus combinatorias.
Vulgarmente, pero, así hablamos, y decimos que tenemos una gran alegría del consulado tal, o de las bodas suyas, o del parto de la mujer, las cuales merecen tan poco el nombre de alegría, que muchas veces son principios de tristezas futuras; la alegría, pero, siempre comporta no dejar nunca más, n volverse en contra.