habladora


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Traducciones

habladora

conversatrice
Ejemplos ?
¿Por qué no quiere restallar la honda? ¿Por qué esta muda la habladora lengua, que al amo le contaba sus sentires cuando el amo le daba su licencia?
La crónica no cita sus verdaderos nombres; mas como en aquellos tiempos felices la sencillez de los pueblos designaba a las personas eminentes con un sobrenombre, que siempre hacia relación a sus buenas cualidades o a sus defectos, se que a la mayor de aquellas princesas se la llamaba Perezosa, a las segunda Habladora, y a la mas pequeña Picarilla, apodos estos perfectamente acomodados al carácter de las tres hermanas.
Después de comer, Perezosa entraba en el tocado y allí permanecía arreglándose y peinándose hasta las primeras horas de la noche: el resto hasta las doce lo pasaba en jugar y comer: en seguida empezaba a desnudarla, y como en esta operación había de invertir tantas horas como en vestirla, nunca se acostaba sino después de haber amanecido. Habladora hacia otra especie de vida: viva de genio, empleaba poco tiempo en el cuidado de su persona; en cambio, era tal su flujo por hablar que en todo el santo día no cerraba el pico.
Sus maneras familiares autorizaban hasta cierto punto a los pisaverdes de la corte para dirigirla, sin respeto a su elevada posición, bromas y piropos. Habladora escuchaba las flores con benevolencia, solo por tener el placer de responder a las galanterías, pues ya he dicho que, a trueque de hablar, poco le importaba el auditorio y mucho menos la materia de la conversación.
Y cuando, a la mañana, pasa alegre rozando tu ventana que la primera luz del alba dora, te dice la habladora: «Ya, descorriendo los nocturnos velos, se levanta la aurora, sonrisa luminosa de los cielos: ¡Despierta, Magdalena, que ya es hora!» Y así te enseña a ser madrugadora, y así te evita sustos y desvelos en la noche traidora.
Las princesas recordaron en seguida la orden que habían recibido de su padre de no dejar que entrase en la torre alma viviente; mas Perezosa estaba cansada de servirse ella misma, y Habladora aburrida de no tener por oyentes mas que a sus hermanas: así que la una por la gana que sentía de tener quien la peinase y la otra por el deseo de charlar con una persona desconocida, resolvieron las dos dejar entrar a la pobre forastera.
A renglón seguido hizo mil elogios de su belleza y de su talento, y Habladora, que estaba muy pagada de si misma y tenía una enorme dosis de amor propio, cometió la locura de creer lo que decía y de responderle con un flujo de palabras, más amables y expresivas de lo conveniente en semejante caso.
Mucho tiempo anduvo sin lograr encontrarlas, pero Habladora no teniendo con quien conversar, para satisfacer su maldito afán, comenzó a quejarse en voz alta; la oyó el príncipe y, aproximándose a la puerta del cuarto, consiguió verla por el ojo de la llave.
Con objeto de asegurarse de la conducta de su familia, - que de la de sus vasallos no se inquietaba, gracias al ministro regente - fue a ver a un hada y le partición las inquietudes que sentía respecto de Perezosa y Habladora.
- Haz lo que quieras, hermana mía – respondió Perezosa. Habladora que no espera sino reste consentimiento, echo la canastilla que era de dos asas y muy fuerte, y la mendigo se metió dentro: graciosa la garrucha las dos princesas pudieron izarla con facilidad.
A Habladora la encontró en seguida, porque Cauteloso, después de haberla encerrado, no tuvo la precaución de retirar la llave de la cerradura.
Picarilla y Habladora, ágiles como ardillas, se encerraron en su habitación en un abrir y cerrar de ojos; Perezosa, para quien era un trabajo ímprobo andar no pudo escapar de las manos del príncipe.