hígado


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hígado

(Del lat. vulgar ficatum < lat. jecur ficatum < jecur, hígado + ficatum, alimentado con higos.)
1. s. m. ANATOMÍA Víscera u órgano glandular que realiza importantes funciones en el organismo, como la secreción de la bilis o la síntesis de las enzimas y proteínas.
2. coloquial Falta de escrúpulos hay que tener hígados para ver esa película tan sangrienta.
3. coloquial Valentía, valor para hacer algo no tengo hígados para saltar con un paracaídas. ánimo
4. hígado blanco VETERINARIA Denominación vulgar de una enfermedad del conejo, especialmente del silvestre.
5. hígado de buey MICOLOGÍA Hongo basidiomicete comestible que crece en los troncos de las encinas.
6. malos hígados Mala voluntad, perversidad procura no acercarte mucho a ellos, tienen muy malos hígados.
7. echar uno los hígados por algo coloquial Solicitarlo con vehemencia echaba los hígados por conseguir la partida de licores a mejor precio.
8. hasta los hígados loc. adv. coloquial Se usa para indicar la intensidad y vehemencia de un sentimiento lo tenía harto hasta los hígados; la adoraba hasta los hígados.
9. moler a alguien los hígados coloquial Importunarle, fastidiarle estuvo toda la tarde moliéndole los hígados, hasta que lo despidió con cajas destempladas.
10. querer una persona comer a otra los hígados coloquial Desear la venganza con rabia y crueldad después de aquella traición quería comerle los hígados y sacarle los ojos.
11. ser alguien un hígado Méx. coloquial Ser petulante o antipático hasta lo insoportable.
NOTA: Nombre científico: (Fistulina hepatica.)

hígado

 
m. anat. Glándula impar y asimétrica, la más voluminosa del cuerpo y sede de múltiples funciones digestivas, metabólicas y antitóxicas; en el ser humano se halla situado en la parte alta del hipocondrio derecho. Además de la secreción de bilis, vierte en la sangre azúcar y glucosa e interviene en la formación de la urea y del ácido úrico, así como en el metabolismo del hierro y modifica las sustancias que le llegan ejerciendo una función antitóxica.
pl. fig.Ánimo, valentía.

hígado

('iγaðo)
sustantivo masculino
anatomía órgano glandular del aparato digestivo del hombre y demás mamíferos que se encarga de la secreción de bilis y de la síntesis de enzimas y proteínas El hígado es el gran depurador del organismo.
Sinónimos

hígado

sustantivo masculino plural

echar los hígados locución (col.)esforzarse.
tener muchos hígados locución tener valor, tener valentía, tener redaños, tener arrestos.
Traducciones

hígado

liver

hígado

lewer

hígado

كبد, كَبِدُ

hígado

дроб, черен

hígado

fetge

hígado

játra

hígado

Leber

hígado

hepato

hígado

maksa

hígado

foie

hígado

כבד

hígado

máj

hígado

hati

hígado

fegato

hígado

肝, 肝臓

hígado

hígado

hepar

hígado

kepenys

hígado

lever

hígado

lever

hígado

wątroba

hígado

fígado

hígado

ficat

hígado

pečeň

hígado

jetra

hígado

јетра

hígado

lever

hígado

karaciğer

hígado

печінка

hígado

gan

hígado

肝臟, 肝脏

hígado

lever

hígado

jetra

hígado

ตับ

hígado

hígado

SM
1. (Anat) → liver
castigar el hígadoto knock it back
ser un hígado (CAm, Méx) → to be a pain in the neck
tener hígado de indio (CAm, Méx) → to be a disagreeable sort
2. hígados (fig) → guts, pluck sing
echar los hígadosto sweat one's guts out

hígado

m liver; — graso fatty liver
Ejemplos ?
Sin duda tiene imán para que los poetas la persigan y la espeten á quemarropa, por lo menos, un soneto de aquellos que parecen una puñalada en el hígado.
Después de llegado Sila a Tarento y sacrificado allí, vio en lo más elevado del hígado del becerro como una imagen o representación de una corona de oro.
Por un lado dos muchachos se adiestraban en el manejo del cuchillo tirándose horrendos tajos y reveses; por otro cuatro ya adolescentes ventilaban a cuchilladas el derecho a una tripa gorda y un mondongo que habían robado a un carnicero; y no de ellos distante, porción de perros flacos ya de la forzosa abstinencia, empleaban el mismo medio para saber quién se llevaría un hígado envuelto en barro.
Haga el favor de examinarme, le ruego. El doctor me examina el estómago, el hígado, la circulación—y la vista, por de contado. —Nada veo —me ha dicho—, fuera de la ligera depresión que acusa usted viniendo aquí...
En vano miré la lista por ver si personas que inventaban nombres tan ajustados a las cosas habrían mudado el tecnicismo gastronómico galo-hispano que tenemos, para poner a los manjares nombres españoles sacados de nuestros autores clásicos, del Mariana o del Antillón; pero me encontré todavía con los cornisones, los purés, las chuletas a la papillote, las manos a la vinagret, el salmin de chochas, el hígado salteado, etc., y se me cayó el alma a los pies viendo que era preciso resignarse a seguir comiendo en extranjero.
El rompecabezas por nadie fue arreglado; el enigma quedó sin solución, y si la casualidad no me hubiese relacionado con Andrés en el terreno profesional, porque le asistí en su última enfermedad, tampoco yo sería dueño del secreto de un caso que tanto dio que hablar, y que, aún hoy, las familias de X se transmiten como una leyenda. Andrés me informó del suceso, porque atribuía su enfermedad del hígado a la pena que le minaba desde que se apartó de Matilde.
Para ti la vida está en el agua, mas yo acostumbro roer cuanto poseen los hombres: no se me oculta el pan floreado que se guarda en el redondo cesto; ni la gran torta rociada de sésamo; ni la tajada de jamón; ni el hígado, dentro de su blanca túnica; ni el queso fresco, de dulce leche fabricado; ni los ricos melindres, que hasta los inmortales apetecen; ni cosa alguna de las que preparan los cocineros para los festines de los mortales, echando a las ollas condimentos de toda especie.
Uno de los viejos -aún robusto, fuerte y con señales visibles de guapo en otros días- procedía de América, y vencido en los disturbios de una de las jóvenes repúblicas, echado para siempre por el partido triunfante, iba amarilleando su malaventura, más que la de la afección al hígado, diagnosticada por el médico; y al otro, veterano de las guerras civiles y de otras guerras coloniales, donde realizó heroicidades y prodigó su sangre con incomparable gallardía, dijérase que un duende maléfico le estorbaba siempre recoger el lauro y la recompensa, y se atravesaba entre la fortuna y él.
¡De herir nuestros más grandes intereses! (Porque elabora su hígado la gota que te dije, camarada; porque se come el alma del vecino) ¡Llamadla!
Ésta le comía el hígado inmortal y aquél durante la noche crecía por todas partes en la misma proporción que durante el día devoraba el ave de amplias alas.
El Chiquito, al que to lo que le faltaba de yerbas y de postín le sobraba de hígado, y que además estaba por la Toñuela jaciendo más espumas que una gaseosa, pos apenitas se tragó el paquete de lo que pasaba, empezó a pisarle los pinreles al del Altozano, y el del Altozano encomenzó a darle quiebros al chotillo aquel, peleando con el cual no podía sacar honra ni provecho.
Cuando le llevaron, a puñados casi, al darle el ataque los amigos a su casa, según le decían, por poquito si se desmaya la Gorgoritos, creyendo que se trataba de tina puñalada en el hígado o en una ingle o en mitad de la tabla del pecho; pero cuando se enteró de que se trataba de un simple ataque de parálisis, se templó algo su congoja.