guacho


También se encuentra en: Sinónimos.

guacho, a

1. s. m. ZOOLOGÍA Cría de un animal, en especial el pollo de cualquier ave.
2. adj. Amér. ZOOLOGÍA Se aplica a la cría que ha perdido la madre.
3. Chile Que está descabalado o desparejado.
4. adj./ s. Argent., Chile, Perú Se refiere a la persona que no tiene padres por haberse quedado huérfana.
5. Argent. vulgar Se aplica a la persona vil y despreciable.
6. s. Amér. Merid. Hijo natural de padres que no estaban casados de forma legal.

guacho

 
m. Cría de cualquier animal, esp. el polluelo de un ave.
(Ecuad.) Surco.

guacho, -cha

  (del quechua vajcha, huérfano)
adj.-s. (Amér.) Expósito, huérfano.
Traducciones

guacho

/a
A. ADJ
1. (Andes, Cono Sur) (= sin casa) → homeless
2. (Andes, Cono Sur) (= huérfano) [niño] → orphaned; [animal] → motherless, abandoned
3. (Andes, Cono Sur) [zapato etc] → odd
4. (Méx) (= capitalino) → of/from Mexico City
B. SM/F
1. (Andes, Cono Sur) (= expósito) → homeless child, abandoned child; (= huérfano) → orphan, foundling; (= animal) → motherless animal (= bastardo) → illegitimate child, bastard
2. (Méx) (= capitalino) person from Mexico City
Ejemplos ?
Sucedió que una tarde, se dejó estar con Baraja, en el campo, algo más que de costumbre: cautivado probablemente por las idas y venidas de toda una familia de cuises, que soñaba de tomar vivos; y cuando volvió a la estancia, de noche casi cerrada, se encontró, en el palenque, con su verdugo esperándolo; y ni las suplicaciones del muchacho, ni las preces de doña Baldomera, ni las miradas de humilde reprobación del capataz, impidieron la tormenta de resolverse en los hombros del Guacho, en brutal lluvia de rebencazos.
Un día que el Guacho, muy niño todavía, había cazado en una laguna cuatro patitos recién nacidos y los ofrecía a un vecino: -Si tuvieran madre -le dijo éste-, bien te los compraría, muchacho; pero así, solos, se los comerán los gatos o las comadrejas.
Es liendre pa dicharachos y tamién bastante quiebra. Cuando le buscan la hebra se va derechito al guacho. Como paisano, es a macho y sabe andar enrialao, quisiera verlo a mi lao aura que me hayo tan pobre, siguro estoy que de cobres al rato me viera armao.
Cuando amaneció, el guacho, protegido contra sus posibles perseguidores, por toda la astucia que le podía inspirar su ciencia profunda de las artimañas propias de los bichos de la llanura, había desaparecido, llevándose uno de los mejores caballos de la estancia; y el capataz encontró a don Ramón, muerto en su lecho, degollado.
A su llamada, vino doña Baldomera; y la vieja mujer, en presencia de ese cadáver, sacudida por tantas emociones, enjugándose los ojos con el delantal, sólo pudo murmurar, sollozando: «¡Pobre guacho!
Marcelo Y prosista más que todo; si no, repare del modo con que a mí me largó el guacho de hacer fuego y calentar la agua que yo le mandé.
Y mientras tanto, el Guacho, por una hora, encontraba la vida buena y digna de ser vivida; su caballo escondido en la hondonada de un médano, estaba él en acecho, con su fiel compañero, Baraja, un perro sin abolengo conocido, lo mismo que él, mirando ambos, sin moverse y sin respirar, la boca redonda de una cueva misteriosa, tratando de percibir cualquier ruido que de ella saliera.
Bien podía la nutria echarse a nado, la vizcacha entrar en su cueva, disparar el peludo o volar el cisne, todo era presa segura de las piernas ágiles, las diestras manos, el ojo certero del Guacho.
Para ellos, tirarían agua, traerían pasto, arrastrarían el arado, ni más ni menos que lo hacen al fin, para esos hijos ajenos a quienes quieren, porque el instinto paterno se tiene que desarrollar, tarde o temprano, y aun guacho, en toda criatura de Dios, y que, -bien se dan cuenta de ello-, aprovechan su trabajo, gozan de su cariño, y se ríen entre sí de sus penas.
Ya sabe viejo el por qué En mis "tristes" y en mis "cielos" No hay no más que ansias y celos Y ni un poquito de fé; Como un guacho cabrestié Al costao de una visión, Y, hoy, viejo y sin ilusión Cansáo y medio maceta, Compriendo que aqueya teta Ni siquiera jué chupón.
A su llamada, vino doña Baldomera; y la vieja mujer, en presencia de ese cadáver, sacudida por tantas emociones, enjugándose los ojos con el delantal, sólo pudo murmurar, sollozando: -¡Pobre Guacho!
Bien podía la nutría echarse a nado, la vizcacha entrar en su cueva, disparar el peludo o volar el cisne, todo era presa segura para las piernas ágiles, las diestras manos, el ojo certero del guacho.