gruñido


También se encuentra en: Sinónimos.

gruñido

1. s. m. ZOOLOGÍA Voz del cerdo y de otros animales que emiten un sonido semejante.
2. ZOOLOGÍA Voz ronca de algunos animales cuando amenazan el perro dio un gruñido al oír pasos desconocidos.
3. coloquial Sonido inarticulado y ronco emitido por una persona como señal de enfado o mal humor siempre que te mando algo lanzas un gruñido. respingo

gruñido

 
m. Voz del cerdo.
Voz amenazadora de algunos animales.
fig.Sonido inarticulado, ronco, que emite una persona.

gruñido

(gɾu'ɲiðo)
sustantivo masculino
1. sonido que emite el cerdo Se escuchaban los gruñidos de los cerdos desde la casa.
2. sonido amenazante de ciertos animales Los gruñidos del perro asustaron a los delincuentes.
3. murmullo entre dientes que produce una persona enojada Se despidió con un gruñido.
Traducciones

gruñido

growl, groan, grunt, snarl

gruñido

SM
1. [de animal] → grunt, growl
dar gruñidosto grunt, growl
2. (= queja) → grouse, grumble
dar gruñidosto grouse, grumble

gruñido

m grunt
Ejemplos ?
Alicia estaba empezando a preguntarse a sí misma: «Y ahora, ¿qué voy a hacer yo con este chiquillo al volver a mi casa?», cuando el bebé soltó otro gruñido, con tanta violencia que volvió a mirarlo alarmada.
Cuando el mono hubo atendido todas las demandas, su dueño fue llamando por los nombres de sus naipes a los curiosos para que se acercaran a la media luna, y predijo a cada uno su buena o mala fortuna, mientras que Pacolet, al que dio una cebolla en premio a su trabajo, distraía a la concurrencia con las contorsiones que aquel manjar le provocaba, a la vez encantado y desdichado, con la risa en la boca y el llanto en los ojos, emitiendo con cada mordisco un gruñido de satisfacción y haciendo una mueca lamentable.
Y los perros hambrientos le comieron la carne, que estaba fresca todavía, y blanda como carne nueva: de noche, en la oscuridad, de cien perros a la vez se oía el roer de los dientes, el gruñido de gusto, el ruido de las lenguas.
¡Había que usar con esa pareja de tórtolas un estira y afloja muy dificultoso! ¡Con tal de que el señor cura no saliera en el púlpito con algún gruñido de los suyos!...
Por fin de fines, los pícaros impuestos subsistieron y, entre gruñido y refunfuño, hubo de pagarlos todo aquel que, teniendo ley a su pescuezo, no ambicionara ponerlo en relaciones íntimas con el verdugo.
Se detuvo delante de un tenducho donde vio tajadas de bacalao frito, sardinas y otros comestibles en platos de dudosa limpieza, y los ojos se le quedaron fijos en ellos, diciéndose que con gusto se comería todas las tajadas, por más que en su casa le hiciese ascos el bacalao; y mientras en esto pensaba, un perrillo que estaba echado en una silla de la tienda comenzó a gruñirle; y Luisito, muy enfadado, le hizo una mueca e imitó el gruñido del perro, que saltó de la silla, armando gran alboroto de ladridos, y le embistió.
Y el resultado del cálculo debió ser lisonjero, porque lanzó un gruñido de satisfacción, y hasta se sonrió ligeramente cuando, al dirigir la vista hacia el camino, percibió a través de la reja la cómica y ominosa figura del viejo, avanzando delante del vaquero, con los brazos abiertos, como si fuese tras esas sombras de la justicia y de la misericordia, bajo la irónica mirada del sol.
Pero aquellas voces que traían todas las notas de las bajas pasiones, aquellos murmullos que eran el gruñido de una impotencia envidiosa, murieron al llegar al oído de los parias, hermanos de los bandidos insumisos.
Los cencerros de la tropilla, el continuo cliqueteo de las pezuñas, un balido, un relinche, la crepitación de un fósforo, el grito lento de los peones: «¡Vaaca!» interrumpen, por un rato, el canto de las ranas o el gruñido sordo de la vizcacha, dando lugar al clamoreo vibrante del tero, a la protesta enojada, diez veces repetida, con tono agrio, de la lechuza quisquillosa.
Pero enseguida lo soltó con rabia, se incorporó más, lanzó un gruñido sordo, mostrando la doble fila de incisivos largos y negros: y, rabioso, fuera de sí, tomó el trozo de carne y se lo arrojó a Camila, que reía hasta enfermarse, apoyada en el hombro de su novio, que también daba salida a estruendosa carcajada.
- Si cada uno se ocupara de sus propios asuntos - dijo la Duquesa en un gruñido-, el mundo giraría mucho mejor y con menos pérdida de tiempo.
Además, los tabiques eran sencillos, y siempre que pasaba la tarde en casa lo sabíamos por una especie de gruñido continuo que oíamos en la cocina.