graznido

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graznido

1. s. m. ZOOLOGÍA Voz del cuervo, grajo, pato y otras aves que emiten un sonido semejante.
2. despectivo Canto desentonado o manera de hablar desagradable al oído los graznidos de la vecina que cantaba le despertaron temprano.

graznido

 
m. Acción y efecto de graznar.
fig.Canto que disuena mucho al oído.

graznido

(gɾaθ'niðo)
sustantivo masculino
voz de ciertas aves el graznido de un cuervo
Sinónimos
Traducciones

graznido

croassement

graznido

honk, squawk

graznido

SM [de cuervo] → croak; [de ganso] → cackle; [de pato] → quack
Ejemplos ?
Las aves que se anidan En sus rotas almenas El insólito canto oyen medrosas, Los pardos ojos asomando apenas Por las grietas añosas. Y con el son estraño desveladas Sus ecos por el aire desparcidos Alguna vez apoyan asustadas Con graves y monótonos graznidos.
Fascinadamente aterrorizado miré el arribo de muchos cuervos que al llegar, volaban a mi rededor y descargaban sus picos furiosos en mi contra; intentaban penetrar furibundos el capullo que me apresaba y que por fortuna, me protegía. Con graznidos estridentes repetían amenazadores cada vez más fuerte: —¡Has matado al venadito, maldito!
la voz del tierno Alí No fue feliz por modesta Ni se perdió entre las rosas Que secretos no revelan: Un espíritu traidor Que por los jardines vuela Con alas de ave nocturna, Con graznidos que son quejas Al sultán de las armadas Refirió sin perder letra De la trova del amor Los conceptos y ternezas.
El árbol en largas hebras Hiende sus cortezas vanas, Y anuncian lluvias lejanas Las rastras de las culebras. Da el cuervo al aire su vuelo, Graznidos a su garganta; Rey del viento, se levanta Entre la tierra y el cielo.
Estos son los que por tanto tiempo han tenido y tienen tiranizado el teatro español; éstos los que empuercan diariamente los papeles públicos, y éstos, en fin, los que haciéndose intérpretes de la nación que los tolera, se han atrevido, al son de zambombas, chiflatos y cencerros, a llorar las desgracias de la patria en la pérdida de sus amados príncipes, y a interrumpir con desapacibles graznidos el común quebranto cuando la muerte arrebató al cielo al más piadoso de sus reyes, para levantar sobre el trono español al más grande de todos ellos.
Y los estornudos del bebé, los graznidos del Grifo, y todos los otros ruidos misteriosos, se transformarían (ella lo sabía) en el confuso rumor que llegaba desde una granja vecina, mientras el lejano balar de los rebaños sustituía los sollozos de la Falsa Tortuga.
Se hallaba un día el hermano Simón en el bosque en oración experimentando gran consolación en su alma, cuando una bandada de cornejas comenzó a molestarle con sus graznidos; él entonces les mandó, en nombre de Jesús, que se marcharan y no volvieran.
De la vacía oscuridad exterior entraban, por la apertura que servía de ventana, todos los nunca familiares sonidos de la noche en el bosque - la larga nota sin nombre de un distante coyote; la serena vibración pulsante de incansables insectos en árboles; extraños graznidos de aves nocturnas, tan diferentes de los de los pájaros diurnos; el zumbido de grandes y torpes escarabajos, y todo ese misterioso coro de pequeños sonidos que parecen siempre haber sido sólo medio escuchados cuando se detienen de repente, como si estuvieran conscientes de una indiscreción.
Entrámoslos a cuchillo, ofreciendo a los dioses y al mismo Júpiter parte de aquella presa; luego disponemos en la corva playa los hechos y empezamos a comer aquellos óptimos manjares, cuando de pronto acuden desde los montes con horrible vuelo las arpías, y batiendo las alas con gran ruido, arrebatan nuestras viandas y las corrompen todas con su inmundo contacto, esparciendo en torno, entre sus fieros graznidos, insoportable hedor.
Como en el monte el gavilán, que es el ave más ligera, se lanza con fácil vuelo tras la tímida paloma: ésta huye con tortuosos giros y aquél la sigue de cerca, dando agudos graznidos y acometiéndola repetidas veces, porque su ánimo le incita a cogerla: así Aquileo volaba enardecido y Héctor movía las ligeras rodillas huyendo azorado en torno de la muralla de Troya.
La alta hierba se agitó a sus pies cuando pasó corriendo el Conejo Blanco; el asustado Ratón chapoteó en un estanque cercano; pudo oír el tintineo de las tazas de porcelana mientras la Liebre de Marzo y sus amigos proseguían aquella merienda interminable, y la penetrante voz de la Reina ordenando que se cortara la cabeza a sus invitados; de nuevo el bebé-cerdito estornudó en brazos de la Duquesa, mientras platos y fuentes se estrellaban a su alrededor; de nuevo se llenó el aire con los graznidos del Grifo, el chirriar de la tiza de la Lagartija y los aplausos de los «reprimidos» conejillos de indias, mezclado todo con el distante sollozar de la Falsa Tortuga.
La vio en Maipú, en Junín y hasta en aquella noche de maldición, noche de duelo, en que desapareció como una estrella tras las nubes del cielo; ¡y al compás de sus lúgubres graznidos fue sembrando el espanto en los dormidos!