gravísimo


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Sinónimos

gravísimo

, gravísima
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
Y ha habido quien le ha pueto nombre gravísimo y latino llamándole antífonas y nalgas, por ser dos; otros, más propiamente, le llaman asentaderas; algunos, trancaílo, y no he podido ajustar por muchos libros que he revuelto para sacar la etimología; lo más que he hallado es que se debe decir tancahigo, por lo arrugado y pasado que siempre está.
En estos conflictos que, desgraciadamente, se van generalizando tanto entre nosotros, hay siempre una parte débil frente a otra que es fuerte y poderosa; necesario, conveniente, indispensable es entonces que entre el débil y el fuerte aparezca la justicia soberana e imparcial, fría como la ley, majestuosa como la fuerza moral que ella representa, fuerza moral que dirima la contienda, que restablezca la paz y el orden, produciendo la armonía entre el capital y el trabajo, los dos rodajes de la máquina del progreso. La solución de este gravísimo problema de nuestra vida nacional no admite ya espera.
Otra circunstancia contribuye no poco a su afición en tan crítico momento: el objeto principal de su viaje era llegar a tiempo a los funerales de la situación; y precisamente cuando el estado de ésta es gravísimo cuando el estertor de la agonía ha comenzado ya, cuando las narices se le afilan y se le encandilan los ojos y los dedos se le crispan, se ve obligado a detenerse.
Decir que si el Presidente del Senado exigía el cumplimiento de una ley que pedía al país entero ante el hecho gravísimo y provocativo de la internación de armas hacía el juego a la subversión, me da la impresión ya no de la Torre de Babel, sino de una distancia aún mayor para juzgar lo que ocurrió.
Pepete se vio desde ese instante en gravísimo peligro; pues los feligreses se habían congregado en el atrio de la parroquia y resuelto por unanimidad de votos quemarlo vivo, disintiendo sólo sobre el sitio donde debían encender la hoguera.
Poco tardó, sin embargo, en borrarse el recuerdo del ridículo industrial ante un suceso gravísimo, único, que señalaba honda huella de luz en el alma juvenil de Clara.
Mi propósito no es otro que el de señalar un mal gravísimo de nuestra situación, que participa más de la naturaleza de mal social que de mal político, con el objeto de provocar un estudio acerca de sus causas y sus remedios, y para el fin de corregirlo en bien de todos y no en beneficio de individuos, bandos o partidos.
Será cosa superflua querer hacer ahora demostración de que esta grande obra del mundo no puede estar sin alguna guarda, y que el curso y discurso cierto de las estrellas no es de movimiento casual; por lo que mueve el caso a cada paso se turba, y con facilidad choca; y al contrario, esta nunca ofendida velocidad camina obligada por imperio de eterna ley, y la que trae tanta variedad de cosas en la mar y en la tierra, y tantas clarísimas lumbreras, que con determinada disposición alumbran, no pueden moverse por orden de materia errante, porque las cosas que casualmente se unen no están dispuestas con tan grande arte como lo está el gravísimo peso de la Tierra...
Más tarde el Papa Pío XI, en su Encíclica Quadragesimo Anno, recogía esta doctrina en las siguientes frases: «Tanto el orden social como el económico están sujetos a Nuestro Supremo juicio, pues Dios nos confió el depósito de la verdad y el gravísimo encargo de publicar toda ley moral e interpretarla y aún ungirla oportuna e importunamente».
Los Convenios de Munich, que como dije a usted me parecieron siempre un gravísimo error político de parte de Chamberlain y Daladier, tuvieron, sin embargo, una ventaja: la de proporcionar la ocasión para que el mundo entero se diera cuenta de la falsía y de las maquiavélicas intenciones de Hitler y para que, cometida la primera violación de aquellos Convenios con la conquista brutal de Checoeslovaquia, las democracias se convencieran de que con el canciller alemán no podía haber entendimientos pacíficos, sino que era un hombre, director de una casta militarista y hegemónica, que había que detener y vencer única y exclusivamente por la fuerza de las armas.
Corrieron días, días y días..., y ni asomó por la tienda. Santiago no paró la atención en tal fenómeno, porque otro gravísimo para él le absorbía y preocupaba.
La intervención del imperialismo yankee no es sólo cuestión de nacionalidades y banderas; entraña serias complicaciones en el problema social cuya solución se busca por las minorías avanzadas de todos los países; al evitarla no se proteje a un Estado, se previene razonablemente un mal gravísimo para dos pueblos.