Ejemplos ?
Al llegar, la muchedumbre infantil, que había ido creciendo por el camino, rodeó al dueño de todas aquellas representaciones graciosas de la humanidad.
Para ellos, cerviguillo ó rabo, todo era toro. Sobre todos ellos dice cosas muy graciosas el poeta don Manuel Segura, en su comedia El sargento Canuto.
Las graciosas casquivanas entraron al deseado almacén, y yo he venido a dar a usted esta pequeña muestra de la ingratitud mujeril.
Su voz llena de armonía y de inflexiones graciosas, su africano olor a rosas y su ser de poesía lleno, enojan a García; de esa mujer, cuya huella misterioso hechizo sella, que fascina y embebece, los encantos aborrece sólo porque están en ella.
Un vicio que conservaba Allá de su edad primera, Debilidad ya de antiguo A la noble gente añeja. Que era el amor desmedido A las damas de comedia, Y en su falta a las graciosas, Además de las boleras.
Recuerdo también haberla visto de saya y manto entre las traviesas tapadas que á las procesiones solemnes concu- rrían, y que con sus graciosas agudezas traían al retortero á los golosos descendientes de Adán.
Ríen, y sus risas, ingenuas y graciosas, rompen por un instante la tristeza ambiente, suscitando una sensación de frescura como la que experimenta el espíritu abatido a los gorjeos de las aves.
Como yo no quiero escandalizar á nadie, haré caso omiso de cuanto se relacione con el pecado de la man- zana, y sólo me ocuparé en extractar dos exposiciones que me han parecido muy originales y aun graciosas.
Las dos niñas, graciosas, semejantes a típicas figuras de Zuloaga, «ponían los puntos», como se decía en España, o «flirteaban», como dicen hoy, con el forasterito.
Hundido en vértigos estremecedores reparé que todas las espantosas ratas negras se escabullían cual si un enemigo llegara; y así era, pues por una vereda que había surgido de la nada, venían cinco ratitas, al parecer graciosas, muy inocentes, aterciopeladamente blancas y muy garbosas.
Decidida- mente, Marietta, hay en, usted muy varoniles bríos, y quien no la conozca, ni por retrato, la supondrá físicamente mujer robusta, vieja, hombruna y hasta con pelos en la barba, y no la joven de palidez romántica, de aire risueño siempre, y que en la vida social tiene todas las graciosas y espirituales delicadezas de ñifla mimada.
Tiene la casita para los árboles de hierro consabidos de su jardín sesenta macetas o floreros de loza de diversos colores y de una figura graciosa y elegante; cada una de poco menos de media vara de alto, o tal vez más, porque al hacerla se encontró que puestas en elevación no podrían aparecer graciosas si tuviesen menor altura.