Ejemplos ?
-Pos señó -dijo Pepa, no sin dejar escapar previamente un suspiro-, cuento y cuento que era un padre que se había dio a las Américas, dejando aquí a su mujer, que tenía una hija y un hijo, que se parecían como dos gotas de agua a otras dos, a mí y a mi hermano Juan Antonio.
-La verdá es que la vía es una cuesta ca vez más empiná, y sa menester saber jasta latín pa poer arrecoger un puñao e trigo, u tres manojos de espárragos, u cuatro gotas de aceite pa jacer unas malas migas.
Bordeando literalmente el bosque a flor de agua, el remero avanzó un rato aún. Las gotas caían ahora más densas, pero también con mayor intermitencia.
De un salto estuve frente a miles de criaturas que parecían gotas de agua, por tan pequeñas, que con sus cuarenta dedos, como arácnidos, succionaban los terrenos lodosos por donde estaban.
que hacía saltar las gotas hasta la cara de Juanillo: dos hojas de espuma fosforescentes resbalaban por ambos lados de la gruesa proa, y la hinchada vela, con el vértice perdido en la oscuridad, parecía arañar la bóveda del cielo.
Entonces TLALOCTLI, cansado de caer sobre la tierra, sin más ganas de llover por un rato, buscó una casa para refugiarse con su corte de gotas bailarinas, sus TLALOQUES.
Estrellábanse en los vidrios Las arrebatadas gotas, Y en el nocturno silencio De aquella tiniebla lóbrega, Duraba en la torrecilla Donde la princesa mora Aquella luz que brillaba Tras de los vidrios dudosa.
El viejo sauce mecía sus ramas al impulso del viento, y de sus hojas verdes caían gruesas gotas de agua, como si el árbol llorase, y los gorriones le preguntaron: -¿Por qué lloras?
De dos en dos se balanceaban en equilibrio sobre las abultadas gotas de rocío, depositadas sobre las hojas y los tallos de hierba; a veces, una de las gotitas caía al suelo por entre las largas hierbas, y el incidente provocaba grandes risas y alboroto entre los minúsculos personajes.
Caminaba dormido hasta que sintió la frescura del agua. (Quizás puede ser que...) medio pensó entre el bullicio de las gotas frías que escurrían en su cuerpo joven.
El amor se despierta en el gris de su ritmo, Nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre, Pero nuestro optimismo se convierte en tristeza Al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Yo los había amado porque encontraba en ellos los suspiros románticos de mi juventud, las ansias sentimentales que al malograrse me dieron el escepticismo de todas las cosas, la perversión melancólica y donjuanesca que hace las víctimas y llora con ellas. Las palabras de la monja, repetidas incesantemente, parecían caer sobre mí como gotas de un metal ardiente: —¡Lo sabía usted!