gongorino

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gongorino, a

(De Luis de Góngora, poeta español.)
1. adj. LITERATURA De este poeta barroco español o de su obra poética. gongorista
2. adj./ s. LITERATURA Que imita o sigue el estilo de este poeta poeta gongorino. culterano

gongorino, -na

 
adj.-s. Que sigue o imita la manera literaria de Góngora.
Culterano.
Sinónimos

gongorino

, gongorina
adjetivo y sustantivo
Traducciones

gongorino

ADJ relating to Luis de Góngora
estilo gongorinoGongoristic style
estudios gongorinosGóngora studies
Ejemplos ?
Estudios sobre Cairasco de Figueroa. Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, 1992. Silva gongorina. Cátedra, 1993.
Destacaron especialmente el teatro y la poesía, esta última de influencia principalmente gongorina, a la que se sumaba el sello indígena y el estilo épico iniciado con La Araucana de Alonso de Ercilla: tenemos así El Bernardo (1624) de Bernardo de Balbuena; Espejo de paciencia (1608), del cubano Silvestre de Balboa; o La Cristiada (1611), de Diego de Hojeda.
En México la poesía gongorina alcanzó cotas de gran calidad, con poetas como Luis de Sandoval y Zapata, Carlos de Sigüenza y Góngora, Agustín de Salazar y Torres y, principalmente, Sor Juana Inés de la Cruz, que inició un tipo de poesía didáctica y analítica que entroncaría con la Ilustración (Inundación castálida, 1689).
Como escritor religioso tomas salinas cultivó la oratoria sagrada, y como poeta escribió gran número de versos que responden a una amplia temática que va desde los poemas religiosos y morales a los de tipo amoroso, a menudo mitológicos. Su poesía se encuentra muy anclada en la corriente gongorina.
La Fábula de Góngora es un representante del género antiguo conocido como epyllion, epilio, un poema épico de corta extensión: un texto mítico-narrativo situado a medio camino entre el epos (el gran poema narrativo «a lo Homero») y el eidyllion (una pequeña escena), hasta el punto de ser más descriptivo que narrativo, pues los elementos narrativos suelen emplearse como auxiliares para evidenciar la descripción. Esta relevancia de lo visual y, en general, de lo plástico en el relato, es significativa en la Fábula gongorina.
En el siglo XVI se introdujeron numerosos italianismos referentes a las artes, pero también gran número de palabras indígenas o americanismos, referentes a plantas, costumbres o fenómenos naturales propios de esas tierras, como batata, papa, yuca, cacique, hamaca, huracán, cacao, chocolate; procedentes del náhuatl, las lenguas mayenses, las lenguas arawak (primordialmente el taíno) y el quechua. En el XVII entraron numerosos cultismos por influjo de la lengua gongorina o culterana.
En el siglo XVIII y XIX, sin embargo, se reaccionó contra este barroquismo extremo, en un primer momento utilizando el estilo para temas bajos y burlescos, como hizo Agustín de Salazar, y poco después, en el siglo XVIII, relegando la segunda fase de la lírica gongorina y sus poemas mayores al olvido.
Bajo tan parco argumento, inspirado en el episodio de Nausícaa de la Odisea, Góngora se dedica a dibujar una minuciosa descripción de la naturaleza, plagada de alusiones mitológicas y metáforas amplificativas, con el propósito de halagar los sentidos y hallar la belleza en todo objeto en el que fije su pluma. En cuanto a los temas, recientes estudios han iluminado el presunto vacío de contenido de la obra gongorina.
Actualmente forma parte del macroequipo internacional de investigación PÓLEMOS dedicado al estudio y edición digital de la polémica gongorina y centralizado en la Universidad de Sorbonne-Paris IV.
Tras haber sido negada esta aspiración Jean-Joseph Rabearivelo se suicida el 22 de junio de 1937. Es además un gran conocedor de la obra gongorina, poeta que traduce al malgache.
La comedia-zarzuela se desarrolla en dos jornadas, y en ella Apolo y Venus disputan entre sí para favorecer los amores de unos pastores que se enamoran y entrecruzan sus amoríos entre ellos; el elemento cómico está asegurado por los parlamentos del personaje denominado Cuervo, cuyas intervenciones, coloquiales la mayoría de ellas, pone el elemento popular y de frescura espontánea, que contrasta con el habla ampulosa y recargada, a fuer de gongorina, de los demás personajes.
Dámaso Alonso señalaba en su artículo «Poesía arábigo-andaluza y poesía gongorina», las afinidades entre ciertas imágenes gongorinas y el estilo de la poesía hispanoárabe.