goloso

(redireccionado de golosos)
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goloso, a

1. adj./ s. Se refiere a la persona a la que le gustan los alimentos dulces le encantan los bombones de toda clase porque es muy goloso.
2. adj. Que es muy deseado o codiciado me han ofrecido un empleo muy goloso. atractivo, deseable
3. Que tiene mucho deseo de una cosa está goloso de vacaciones. ávido, deseoso
4. tener una cosa muchos golosos coloquial Ser muy codiciado ese cargo tiene muchos golosos.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.

goloso, -sa

 
adj.-s. Aficionado a comer golosinas.
adj. Deseoso o dominado por el apetito de alguna cosa.
Que incita al apetito.
Diccionario Enciclopédico Vox 1. © 2009 Larousse Editorial, S.L.

goloso, -sa

(go'loso, -sa)
abreviación
persona que gusta de comer dulces Le encantan los postres porque es muy golosa.
Kernerman English Multilingual Dictionary © 2006-2013 K Dictionaries Ltd.
Sinónimos

goloso

, golosa
adjetivo y sustantivo
Diccionario Manual de Sinónimos y Antónimos Vox © 2016 Larousse Editorial, S.L.

goloso:

apetecibledulcero, lamerón, glotón, lameruzo, deseable,
Traducciones

goloso

ADJ
1. (de lo dulce) → sweet-toothed
2. (pey) → greedy
3. (= apetecible) → attractive, inviting
Collins Spanish Dictionary - Complete and Unabridged 8th Edition 2005 © William Collins Sons & Co. Ltd. 1971, 1988 © HarperCollins Publishers 1992, 1993, 1996, 1997, 2000, 2003, 2005

goloso -sa

adj ser — to have a sweet tooth
English-Spanish/Spanish-English Medical Dictionary Copyright © 2006 by The McGraw-Hill Companies, Inc. All rights reserved.
Ejemplos ?
Recuerdo también haberla visto de saya y manto entre las traviesas tapadas que á las procesiones solemnes concu- rrían, y que con sus graciosas agudezas traían al retortero á los golosos descendientes de Adán.
Y el asistente puso sobre un tambor una botella de aguardiente, un trozo de queso, varios panes y una chancaca. -¡Banquete de príncipes golosos!
—¡Poca vara alta quiero yo!—gritó el sargento con acento estentóreo—.Estamos para clavar el pico, y andan a los requiebros, golosos.
La influencia galvanizante del optimismo dejóse ver enseguida en la misma actividad combativa de las guerrillas; diariamente derrochando astucia y denuedo acercábanse ahora los patriotas a la plaza de Montevideo; golosos de aventuras y también (¿por qué no decirlo?) de barbaridades ancestrales.
Mi expediente es tan bueno como el milagro de los cinco panes. ¡Ahítense, golosos! Cierto que el fruto de las cavilaciones de su señoría iba a dejar satisfechas todas las aspiraciones.
Los marquesitos y demás jóvenes ricos y golosos no regateaban para pagar un doblón o media onza de oro por una marimoña, un tulipán, una arirumba, un ramo de claveles disciplinados, un pucherito de mixtura o un cestillo enano de capulíes, nísperos, manzanitas y frutillas con su naranjita de Quito en el centro.
A la vez que se alistaban para luchar heroicamente con el aguerrido y numeroso ejército realista, acometían en la vida de guarnición con no menos arrojo y ardimiento a las descendientes de los golosos desterrados del Paraíso.
Entonces tuvo un sueño: Que enterraba las garras y los dientes En vientres sonrosados Y pechos de mujer; y que engullía Por postres delicados De comidas y cenas, Como tigre goloso entre golosos, Unas cuantas docenas De niños tiernos, rubios y sabrosos.
Volviendo a los consabidos versos, digo que la historia está poblada de cuentos en que a los golosos se les convirtió la fruta en rejalgar.
La codicia y la envidia despertó en los rufianes voluntad de hurtarme, y andaban buscando ocasión para ello: que esto del ganar de comer holgando tiene muchos aficionados y golosos; por esto hay tantos titereros en España, tantos que muestran retablos, tantos que venden alfileres y coplas, que todo su caudal, aunque le vendiesen todo, no llega a poderse sustentar un día; y, con esto, los unos y los otros no salen de los bodegones y tabernas en todo el año; por do me doy a entender que de otra parte que de la de sus oficios sale la corriente de sus borracheras.
Veinticuatro primaveras, sal de las salinas de Lima y un palmito angelical han sido siempre más de lo preciso para volver la boca agua a los golosos.
Quién la cerviz oprime con la manchada copia de los cabritos más retozadores, tan golosos, que gime 300 el que menos peinar puede las flores de su guirnalda propia.