goloso


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goloso, a

1. adj./ s. Se refiere a la persona a la que le gustan los alimentos dulces le encantan los bombones de toda clase porque es muy goloso.
2. adj. Que es muy deseado o codiciado me han ofrecido un empleo muy goloso. atractivo, deseable
3. Que tiene mucho deseo de una cosa está goloso de vacaciones. ávido, deseoso
4. tener una cosa muchos golosos coloquial Ser muy codiciado ese cargo tiene muchos golosos.

goloso, -sa

 
adj.-s. Aficionado a comer golosinas.
adj. Deseoso o dominado por el apetito de alguna cosa.
Que incita al apetito.

goloso, -sa

(go'loso, -sa)
abreviación
persona que gusta de comer dulces Le encantan los postres porque es muy golosa.
Sinónimos

goloso

, golosa
adjetivo y sustantivo

goloso:

apetecibledulcero, lamerón, glotón, lameruzo, deseable,
Traducciones

goloso

ADJ
1. (de lo dulce) → sweet-toothed
2. (pey) → greedy
3. (= apetecible) → attractive, inviting

goloso -sa

adj ser — to have a sweet tooth
Ejemplos ?
Luciano era un niño muy goloso y, lo que es peor, demasiado aficionado al vino. Su madre tenía que echar las llaves a todos los armarios porque, al menor descuido, el muchacho cogía los bollos, las onzas de chocolate y los dulces que sabía guardaban en los aparadores del comedor.
Era aficionado a ellas con locura, y con ser tantas las que pesaban en las ramas de un cerezo que había delante de su casa, llevaba la cuenta de ellas, comiéndose todos los días las que estaban más maduras, no sin que algunas veces, por falta de medida en el comer, que todo la requiere en este mundo, y por pecar de goloso, que es cosa fea como todo pecado, hallaba en éste la penitencia y lo purgaba con indigestiones.
Con esta hacienda busco marid o a quien entregarme y a quien tener obediencia, a quien juntamente con la enmienda de mi vida le entregaré una increíble solicitud de regalarle y servirle; porque no tiene príncipe cocinero más goloso ni que mejor sepa dar el punto a los guisados que le sé dar yo cuando mostrando ser casera me quiero poner a ello.
Por estas y otras razones, se dispuso la voluntad de Rodolfo de cumplir la de su padre, el cual le dio crédito de muchos dineros para Barcelona, Génova, Roma y Nápoles; y él, con dos de sus camaradas, se partió luego, goloso de lo que había oído decir a algunos soldados de la abundancia de las hosterías de Italia y Francia, y de la libertad que en los alojamientos tenían los españoles.
Así nadie se maravilló de saber que andaba como goloso tras cierta doña Elvira, esposa de don Martín Figueras, acaudalado vizcaíno, caballero de Santiago y veinticuatro de la villa, hombre del cual decíase lo que cuentan de un don Lope, que no era miel ni hiel ni vinagre ni arrope.
Entonces tuvo un sueño: Que enterraba las garras y los dientes En vientres sonrosados Y pechos de mujer; y que engullía Por postres delicados De comidas y cenas, Como tigre goloso entre golosos, Unas cuantas docenas De niños tiernos, rubios y sabrosos.
He ahí un modo de entender el amor, que no estaba en mis libros. Mi filosofa respecto a las tórtolas, es, ahora, la de un gato goloso.
Para nosotros los fumadores es usted, amigo Ballén, más tremendo ene­ migo que aquel morazo como un trinquete y gran goloso de manzanas en agraz, de quien cuentan las historias que exigía de España, por vía de étrennes, al comienzo de cada año, el tributo de cien doncellas como cien perlas panameñas.
Pero el goloso prisionero, que ya se da por muerto, tira uno de retortijón a cada mano de su carcelero, y toma pipa por el corral afuera, relamiéndose de gusto.
Y como al presente nadie estuviese sino él y yo solos, como me vi con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la longaniza, del cual solamente sabía que había de gozar, no mirando que me podría suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saque la longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el asador, el cual mi amo, dándome el dinero para el vino, tomó y comenzó a dar vueltas al fuego, queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos había escapado.
Ganivet asistió a mis ejercicios todos y yo a los suyos, y todos los días de aquellos alegres y claros de Mayo y Junio, nos reuníamos después de almorzar en el café, y después de haber concluido los ejercicios, a media tarde, nos íbamos a tomar sendos helados -de que, como yo, era goloso- a una horchatería de la Carrera de San Jerónimo y desde allí al Retiro.
La respuesta nada tenía de satisfactoria; porque así sabíamos quién fue el susodicho virrey, como la hora en que el goloso padre Adán dio el primer mordisco a la agridulce manzana del Edén.