glauco

glauco, a

(Del lat. glaucus < gr. glaukos, brillante.)
1. adj. De color verde claro tiene los ojos glaucos.
2. s. m. ZOOLOGÍA Molusco gasterópodo sin concha, de cuerpo fusiforme de color azul con reflejos nacarados, cuatro tentáculos cortos y tres pares de branquias.
NOTA: Nombre científico: (Glaucus.)

glauco, -ca

 
adj. Verde claro.
Traducciones

glauco

glauco

glauco

glauco

glauco

Γλαύκος

glauco

ADJ (liter) (= verde claro) → light-green, glaucous (esp LAm) (= verde) → green
Ejemplos ?
No por ello se libró de la triste muerte, pues sucumbió en el río a manos del Eácida, del aguerrido Aquileo, el de los pies ligeros; y éste se apoderó del oro. Sarpedón y el eximio Glauco mandaban a los que procedían de la remota Licia, de la ribera del voraginoso Janto.
Los aqueos corrieron hacia Héctor, dando recias voces, con la esperanza de arrastrarlo a su campo; mas, aunque arrojaron muchas lanzas, no consiguieron herir al pastor de hombres, ni de cerca, ni de lejos, porque fue rodeado por los más valientes teucros —Polidamante, Eneas, el divino Agenor, Sarpedón, caudillo de los licios, y el eximio Glauco—, y los otros tampoco le abandonaron, pues se pusieron delante con sus rodelas.
Para referírtelo, caro Simmias, no creo que sea necesario poseer el arte de Glauco, pero probarte la verdad de ello es más difícil y no sé si bastaría todo el arte de Glauco.
Dicho esto, Héctor, de tremolante casco, partió; y la negra piel que orlaba el abollonado escudo como última franja, le batía el cuello y los talones. Glauco, vástago de Hipóloco, y el hijo de Tideo, deseosos de combatir, fueron a encontrarse en el espacio que mediaba entre ambos ejércitos.
¡más discretas en vuestro brillo que las gemas radiantes, perlas que os formáis en el fondo glauco de los mares, perlas blancas de suavísimo oriente, perlas rosadas de Visapour y de Golconda, fantásticas perlas negras de Veraguas y de Chiriquí, perlas que adornáis las coronas de los reyes, que tembláis en los lóbulos de las orejas sonrosadas y pequeñuelas de las mujeres, y os posáis como un beso sobre la frescura palpitante de los senos desnudos!
En la parte opuesta hallábase Menelao caro a Ares, en cuyo pecho el dolor iba creciendo. Glauco, hijo de Hipóloco, caudillo de los licios, dirigió entonces la torva faz a Héctor, y le increpó con estas palabras: —¡Héctor, el de más hermosa figura, muy falto estás del valor que la guerra exige!
¡Despiadado!, no fue tu padre el jinete Peleo, ni Tetis tu madre; el glauco mar o las escarpadas rocas debieron de engendrarte, porque tu espíritu es cruel.
Como el rojizo y animoso toro, a quien devora un león que se ha presentado en la vacada, brama al morir entre las mandíbulas de la fiera; así el caudillo de los licios escudados, herido de muerte por Patroclo, se enfurecía, y llamando al compañero, le hablaba de este modo: —¡Caro Glauco, guerrero afamado!
En medio de las olas, me lo ha anunciado el adivinador da los marinos, el profeta Glauco, Dios veraz; y al aparecérseme, me dijo: «Menelao, tu hermano yace muerto; ha caido muerto en el bailo supremo preparado por su mujer.» Y nos ha hecho verter abundantes lágrimas á mí y a mis marineros.
Hay una ciudad llamada Efira en el riñón de la Argólide, criadora de caballos, y en ella vivía Sísifo Eólida, que fue el más ladino de los hombres. Sísifo engendró a Glauco, y éste al eximio Belerofonte, a quien los dioses concedieron gentileza y envidiable valor.
Entonces Zeus Cronión hizo perder la razón a Glauco, pues permutó sus armas por las de Diomedes Tidida, las de oro por las de bronce, las valoradas en cien bueyes por las que en nueve se apreciaban.
Sí que lo creía. -¿Cómo, le dije, no sabes, Glauco, que hace ya unos años que Agatón no ha puesto los pies en Atenas? De mí puedo decirte que no hace todavía tres que frecuento a Sócrates y que me dedico a estudiar diariamente sus palabras y todas sus acciones.