geta

geta

adj./ s. m. y f. HISTORIA De un pueblo tracio que habitaba en el este de Europa.

geta

 
adj.-com. etnog. Díc. del individuo perteneciente a un ant. pueblo del SE de Europa que habitó la Tracia hasta su fusión con los godos y los dacios.
Ejemplos ?
Marcial estaba atufao, con el gofio se atoraba, y al general le largaba al hablar, cada gargajo que al final de arriba abajo cuajao ño Borges estaba. Causaba hipo la mamada de la gofiera riunión, y ver la geta del nación con su cabeza pelada.
el ganáo rabón Que facilmente s'embreta, Cuando usté medio lo apreta Teniéndole fe al siñuelo, Lo deja... mirando al cielo Y con un geme de geta.
JULIÁN Los sacaré de la duda cuando de ellos haiga hablao: mi amigo salió espatriao dende que Flores dentró; y en contra de él amostró que no se le caí la geta, pues con brío una gaceta en la otra banda escrebió.
El dueño del campo, arrobado en la contemplación de estos preliminares, algo solemnes para él, que los costea, queda ahí, de pie, inmóvil, las manos cruzadas, teniendo del cabestro el caballo, como esperando órdenes, la fisonomía seria, las cejas fruncidas, la boca hecha geta, y los ojos como adormecidos por la misma acuidad del interés con que los contempla, sin entender.
Partió de un tajo la nariz del gringo, -Que se jué contra un banco de cabeza- Y a la mujer, por el espanto muda, Le escupió por la geta.
Los coloraos maliciaron que yo venía de otro suelo, me miraban con reselo, y a sospechar comenzaron, los amigos me avisaron pero me les hacía el sotreta por no pisar las paletas de alguno, y vivir juyendo, y a cada paso esponiendo el verme estirar la geta.
Lo mesmo que chicharron la geta arrugó el menistro, tomó una juria ese cristo al verse en tal situación, que en tuita la rilasión prometió no, mermar laso, y le soltó un jogonaso como queriéndolo arder; pero el otro sin temer ¡ni siquiera le hizo caso!
Sólo el movimiento de su mano extendida sobre la cabeza de Carbón, sólo su sonrisa al decir al negro: «Hijo mío», bastaban para revelar el ardor de la bondad en su alma, y para probar que la sangre de Cristo florecía en ella, como los rojos granados en los oasis del desierto sahariano. La donosa geta de Carbón realzaba el macilento rostro del prelado.
Pagó sus cuotas, la primera como quien compra un billete de lotería; la segunda, frunciendo cejas; la tercera, haciendo geta; y la última, renegando.
Le sucedió su hijo Caracalla, de costumbres militares y buen general aunque impopular por haber matado a su hermano Geta y que murió asesinado en campaña.
En la construcción se depositaron las cenizas del emperador Adriano un año tras su fallecimiento en Baiae en el año 138 (por lo que se denominó originalmente al monumento "Hadrianeum"; hoy se denomina así a otro monumento de la época de Adriano en la romana Piazza da Pietra) y a su esposa Sabina, su primer hijo adoptivo (el emperador Lucius Aelius Verus, fallecido también en el año 138), luego a su sucesor Antoninus Pius y su esposa Faustina, y también a los emperadores Marco Aurelio, Commodus, Septimius Severus y su esposa Giulia Domna y los emperadores Geta y Marcus Aurelius Antoninus Bassianus (más conocido como Caracalla, enterrado en el año 217).
De este matrimonio nacerían dos varones, Lucio Septimo Basiano (conocido desde 195 como Marco Aurelio Antonino Caracalla) y Publio Septimio Geta.