gemelos


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Gemelos

 
astron. Tercer signo del Zodíaco y constelación zodiacal.

gemelos

(xe'melos)
sustantivo masculino plural
instrumento óptico para ver a distancia, formado por dos cilindros con lentes unidos entre sí ver un ave con los gemelos
Sinónimos

gemelos

sustantivo masculino plural

gemelos:

prismáticoslentes, mancuernas, anteojos, broches, botones,
Traducciones

Gemelos

manžetové knoflíčky

Gemelos

manchetknapper

Gemelos

kalvosinnapit

Gemelos

dugmad za manžete

Gemelos

カフスリンク

Gemelos

커프스 단추

Gemelos

manschettknappar

Gemelos

กระดุมข้อมือเสื้อเชิ้ตของผู้ชาย

Gemelos

khuy măng sét
Ejemplos ?
Ya, ya me duelo lo que hice, y ya, ya me pesa.” Cuando de los rosas labiecillos suyos este sonido veloz salió, a los gemelos oídos de los dioses estos nuevos mensajes trayendo, 75 al punto, su uncida junta desatando Cíbele a sus leones, y al de la izquierda, de los ganados enemigo, aguijando, de este modo habla: “Vamos ya”, dice, “vamos, feroz ve, haz que a él el furor lo mueva, haz que del furor por la herida de vuelta a los bosques vaya, de mis imperios libremente demasiado el que huir ansía.
57 Pulcramente les va a estos inmorales sodomitas, a Mamurra, el bardaje, y a César, y no es admirable: manchas pares en los dos, urbana la una, y aquella formiana, impresas en ellos residen y no se limpiarán, morbosos al par, gemelos los dos, en una misma camilla instruidillos ambos, no éste que aquél más voraz adúltero, rivales socios de las chiquillas.
La mirada que Fernando dejó caer, sin quererlo, dentro de aquellos, que se le antojaban dos cañones, debía de ir llena de la expresión de aquellas nuevas, profundas, tiernas y dulces emociones que procuré describir a su tiempo; porque Cristina, al recogerla dentro de sus gemelos, y sentirla pasar por la retina al alma, quedose como espantada de gozar placer tan intenso en regiones de su ser en que jamás había sentido más que unas ligeras cosquillas.
¡Oh!, ¡no los quiero, guárdalos! Y le tiró muy lejos los dos gemelos, cuya cadena de oro se rompió al pegar contra la pared. Pero yo te lo habría dado todo, habría vendido todo, habría trabajado con mis manos, habría mendigado por las carreteras, por una sonrisa, por una mirada, por oírte decir: «¡Gracias!» ¿Y tú te quedas ahí tranquilamente en tu sillón, como si no me hubieras hecho ya sufrir bastante?
Éste no venía siempre a las altas regiones; muchas noches le veíamos en las butacas luciendo su linda y afeminada figura y su blanquísima pechera, y no dando punto de reposo a los gemelos.
Separó del rostro los gemelos; viéronse y miráronse cara a cara la gran dama y el humilde escritor... Todavía Fernando aferrado a su modestia, miró hacia atrás, dudando que fuese para él mirada en que había ya hasta palabras...
Hubiera querido cambiar mi localidad por otra más cercana a ella, pero esto era imposible porque el teatro estaba abarrotado. Además, las severas exigencias de la moda habían prohibido el uso de gemelos en el teatro; lo prohibían terminantemente.
Un anillo de oro de matrimonio. Un par de gemelos y dos botones de pechera de camisa, todos de nácar. Tres copias fotográficas, una de su señora y las otras dos probablemente de sus niños.
Figúrese el lector al amante del arte, que antes suponíamos, enamorado de una virgen de Murillo, y que la contempla embelesado días y días, y uno cualquiera ve que la divina figura le sonríe como sonreiría una virgen de Murillo si, en efecto, pudiera. Pues la impresión de este hombre sintió Fernando al ver que los gemelos de la Duquesa se clavaban en él, positivamente en él.
No creía ella que adelantando perdería la aventura su carácter ideal, fantástico, su naturaleza etérea, incomprensible para el vulgo de las grandes señoras. Y entonces fue cuando se resolvió a clavarle los gemelos al joven del paseo.
Se divirtió como un niño empujando con su dedo las amplias puertas tapizadas; aspiró con todo su pecho el olor a polvo de los pasillos, y una vez sentada en su palco echó el busto hacia atrás con una desenvoltura de duquesa. La sala empezaba a llenarse, la gente sacaba los gemelos de los estuches, y los abonados se saludaban de lejos.
Ve y después de sacar a Sarpedón de entre los dardos, límpiale la negra sangre; condúcele a un sitio lejano y lávale en la corriente de un río, úngele con ambrosía, ponle vestiduras divinas y entrégalo a los veloces conductores y hermanos gemelos: el Hipno y la Muerte.