gallardo

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gallardo, a

(Del fr. gaillard.)
1. adj. Que tiene buen aspecto o presencia y que se mueve con elegancia su gallarda figura causaba admiración. airoso, apuesto, bizarro, galán, lozano
2. Que es valiente fue galardonado por su comportamiento gallardo. atrevido, bizarro, gallardo, osado
3. Que es muy bueno en su línea gallardo poeta. excelente

gallardo, -da

 
adj. Desembarazado, airoso y galán.
Bizarro, valiente.

gallardo, -da

(ga'ʎaɾðo, -ða)
abreviación
1. que muestra valor y decisión para enfrentarse a otras personas o a situaciones difíciles un caballero gallardo
2. que tiene buena presencia y movimientos elegantes El joven tiene una figura gallarda y distinguida.
Sinónimos

gallardo

, gallarda
adjetivo
3 grande, excelente, hermoso.
Se refieren a cosas correspondientes al ánimo. Por ejemplo: gallardos sentimientos; gallarda poesía.
Traducciones

gallardo

غالاردو

gallardo

Gallardo

gallardo

Gallardo

gallardo

Gallardo

gallardo

Gallardo

gallardo

ADJ (= elegante) → graceful, elegant; (= magnífico) → fine, splendid; (= valiente) → brave; (= caballeroso) → gallant, dashing; (= noble) → noble
Ejemplos ?
Salió un tanto ronco, sin elegancia. Y las gallinas y polluelos se subieron al estercolero, y el gallo se acercó a pasos gallardos.
Celindo y Mosco atrás, los dos bastardos del muerto Calabrún de Tarazona, y el más que reputado entre gallardos emir Calamidor de Barcelona, dejan atrás a sus soldados tardos; y, pensando alcanzar gloria y corona, atacan a Zerbin por ambos lados, y hieren al corcel los dos costados.
Bien sé que habiendo sacado de pila á muchos ahijados li- terarios, gallardos unos y deformes otros, debe mi firma, cuan- do aparece en la línea final de un prólogo, inspirar no poca desconfianza al lector.
También la limeña Clarinda (que escribió en 1507), á quien Cervantes nos presenta no como madre de gallardos infan- tes sino de unos robustos tercetos En loor de la poesía antó- Jaseme que es otra mixtificación, y tan clara como la luz del medio día.
Cuando iba a la floresta, junto al corzo o jabalí herido y sangriento, hacía improvisar a sus profesores de retórica canciones alusivas; los criados llenaban las copas del vino de oro que hierve, y las mujeres batían palmas con movimientos rítmicos y gallardos.
Entró Andrés en la una, que era la mayor del rancho, y luego acudieron a verle diez o doce gitanos, todos mozos y todos gallardos y bien hechos, a quien ya la vieja había dado cuenta del nuevo compañero que les había de venir, sin tener necesidad de encomendarles el secreto; que, como ya se ha dicho, ellos le guardan con sagacidad y puntualidad nunca vista.
En las puertas encontraron a dos valentísimos guerreros, hijos gallardos de los belicosos lapitas: el esforzado Polipetes hijo de Pirítoo, y Leonteo, igual a Ares, funesto a los mortales.
¡Qué bonita! ¡Y qué mozos gallardos, de lo principal, la formaban! ¡Qué lindas figuras ejecutan con sus arcos blancos y celestes y sus flores!
aría de Zayas y Sotomayor: La fuerza del amor (1637) En Nápoles, insigne y famosa ciudad de Italia por su riqueza, hermosura y agradable sitio, nobles ciudadanos y gallardos edificios, coronados de jardines y adornados de cristalinas fuentes, hermosas damas y gallardos caballeros, nació Laura, peregrino y nuevo milagro de naturaleza, tanto que entre las más gallardas y hermosas fue tenida por celestial extremo; pues habiendo escogido los curiosos ojos de la ciudad entre todas ellas once, y de estas once tres, fue Laura de las once una, y de las tres una.
Vistosas banderolas, adornaban sus altos masteleros, y las movibles olas reflejaban las armas españolas que izaban los gallardos marineros, y dos hombres de pie, sobre la popa, del moribundo sol a los reflejos, contemplaban callados a lo lejos aquel puerto famoso, del cual como de sueño vagaroso se habla tal vez en la lejana Europa.
Medró todo esto en amor y compaña maravillosamente, de manera que andando el tiempo salieron de casa del remendón dos gallardos jinetes, montados sobre dos soberbios corceles, seguidos de dos valientes sabuesos, con dos erguidas lanzas y dos brillantes escudos.
Era el momento en que, so color de tomar aire, se tomaba amor, que es oxígeno del alma, y no la higiene, sino la eterna sed sentimental, había determinado a tantas muchachas bonitas y a tantos donceles medianamente gallardos a pisar el polvo o comprar las sillas del concurridísimo paseo...