Ejemplos ?
Pero Ricaredo, que tenía los suyos prestos y ligeros, y que salían y entraban como si tuvieran remos, mandando cargar de nuevo toda la artillería, los fue siguiendo hasta la nave, lloviendo sobre ellos infinidad de balas. Los de la galera abierta, así como llegaron a la nave, la desampararon, y con priesa y celeridad procuraban acogerse a la nave.
Dejóle pasar el caballero, mas no llegó tan a tiempo que ya no hubiesen recogido en el esquife de la galera capitana a Marco Antonio y a Leocadia, que jamás le dejó de los brazos; y, queriéndose embarcar con ellos Teodosia, o ya fuese por estar cansada, o por la pena de haber visto herido a Marco Antonio, o por ver que se iba con él su mayor enemiga, no tuvo fuerzas para subir en el esquife; y sin duda cayera desmayada en el agua si su hermano no llegara a tiempo de socorrerla, el cual no sintió menor pena, de ver que con Marco Antonio se iba Leocadia, que su hermana había sentido (que ya también él había conocido a Marco Antonio).
Miren cómo alegran el camino la acansinada recua; el arriero que dormita delegando su misión en el liviano; la galera que cruje amenazando romperse en las desigualdades del terreno...
Dio luego a la banda y comenzó a irse a pique, sin poderse remediar. La otra galera, viendo tan mal suceso, con mucha priesa le dio cabo y le llevó a poner debajo del costado del gran navío.
¿No hay quien la llame por las calles a voces... torpe y bruja, ni hay galera en Madrid que la reclame? ¿Y no quieres, Andrés, que brame y cruja el látigo tendido en la cloaca que a Sodoma y Gomorra sobrepuja?
Juan de Austria y otros personajes, pudo embarcar en Nápoles a bordo de la galera Sol; pero el 26 de Septiembre de 1575 se encontró rodeada de una escuadrilla de galeofas que mandaba el arráez Mará, renegado albanés, capitán de la mar de Argel.
Paris continúa raptando a Helena en una región desconocida del espacio. La galera de Cleopatra infla sus velas de seda en la inmensidad de un Cydnus ideal.
TACÓN Aquí vengo de mi desdicha forzado. CELESTINA Mejor fuera de galera. TACÓN 88 Metateatralidad por la autoconciencia de ser personaje.
Los que al esquife habíamos bajado acabamos a salvo en la ribera; Junto a jarcias y enseres, anegado, pereció el resto que restó en galera.
Ausentóseme Don Juan, y yo, en sabiendo quién eran los autores del engaño de que resultó mi ofensa, los dos, de tres, arrojé al mar desde una galera: por las bocas me ofendieron, y entró la muerte por ellas.
Era infinita la gente que de la ciudad acudía, y mucha la que de las galeras se desembarcaba, puesto que el que las traía a cargo, que era un caballero valenciano llamado don Pedro Viqué, desde la popa de la galera capitana amenazaba a los que se habían embarcado en los esquifes para ir a socorrer a los suyos.
A ella concurrió Miguel de Cervantes, y enfermo de calenturas a bordo de la galera Marquesa, pidió, llegado el momento de la batalla de Lepanto, el puesto de mayor peligro, destinándosele a la cabeza de doce soldados en el lugar del esquife.