galante

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galante

(Del fr. galant.)
1. adj. Se aplica al hombre que es atento y cortés, en especial con las mujeres un galante joven me cedió el asiento.
2. Se refiere a la mujer que gusta de galanteos.
3. LITERATURA Se aplica a la historia o novela que trata con picardía un asunto o tema amoroso.
4. MÚSICA Se aplica al estilo musical de carácter ligero y profano que se desarrolló en el siglo xviii.

galante

 
adj. Atento, obsequioso, esp. con las damas.
Que gusta de ser galanteada.

galante

(ga'lante)
abreviación
1. persona que es educado y atento en el trato Vino a tomar el té con nosotras un joven muy galante.
2. característica que es característico de este tipo de personas tener modales galantes
3. literatura que se relaciona con ciertas manifestaciones artísticas que tratan con picardía un tema amoroso poesía galante
Sinónimos

galante

adjetivo
2 amoroso, amatorio, erótico.
Por ejemplo: vida galante.
Traducciones

galante

galant

galante

chivalrous

galante

galante

galante

galante

galante

ADJ
1. [hombre] (= caballeroso) → gallant; (= atento) → charming, attentive (to women); (= cortés) → polite, urbane (frm)
2. (arcaico) [mujer] → flirtatious, flirty (pey) → wanton, licentious
Ejemplos ?
Su tío Pedro y el Gran Inquisidor eran más cuerdos. Habían bajado a la terraza para saludarla y decirle frases bellas y galantes.
Hablaba con tono autoritario y enternecido, que yo había escuchado tantas veces a las viejas abuelas mayorazgas. Aun cuando el dolor me robaba toda energía, llevado de mis hábitos galantes hice un esfuerzo por apearme.
Tío Juan, el perito, canturria por lo bajo, con voz atiplada y temblorosa, aires de sus mocedades, y, recordando galantes aventuras, enamora a la disimulada a la mujer de Antón.
Sin que un mal pensamiento surgiese en su mollera, consagrada a las humanidades, en la juventud risueña Aquiles había traducido y admirado, desde el punto de vista del arte, todas las picardías galantes del poeta de las Metamorfosis.
Los árboles la rodean galantes y en su rumor, el viento que trae aún fragmentos de brisa de mar cercano parece murmurar en dulce y fragante canción: Aquí nació María Enriqueta de México.
Don Silvestre recordaba entonces que en su pueblo se honraban las mozas con sus pellizcos, que sólo el temor a las lenguas de las envidiosas le hacían economizarse en las empresas galantes; y lanzando un suspiro angustioso, abandonaba su puesto favorito y marchaba hacia su casa, preguntándose por los placeres de la corte y suspirando por el aire de su aldea.
A menudo las internas se escapaban del estudio para ir a verla. Sabía de memoria canciones galantes del siglo pasado, que cantaba a media voz, mientras le daba a la aguja.
Manolo sabía que Dolores Roa era incapaz de espionaje, y que si llegasen a traerle chismes y delaciones, antes prestaría fe a las palabras del hombre amado que a las de los extraños; así es que, no mucho después de la boda, comenzó a enredarse en aventurillas galantes, y acabó por establecer relación íntima con una de las amigas de Dolores, señora de la mejor sociedad, esposa de un banquero que hacía continuos viajes a París, Londres y Hamburgo, lo cual daba a los amantes facilidad para verse y pasar reunidos largas horas.
Alfonso sombrero, capa y espada, y seguido de dos alguaciles echose a la calle, donde encontró agonizante a un joven de aristocrática familia, muy conocido por lo pendenciero de su genio y por el escándalo de sus aventuras galantes.
Esperando para el viaje la tarde tiene desmayos Y de sus últimos rayos La luz mortecina ondea En la lujosa librea De los corteses lacayos. No temas: por los senderos Polvosos y desolados Te velarán mis cuidados, Galantes palafreneros.
El muchacho llegará acaso esta tarde, inútil es decirte que le acojas como si fuese sobrino tuyo; en cuanto a Cecilia, acostumbrada a ver a los jóvenes de aquí tan torpes, tan mal educados, recibirá con agrado y con júbilo a un primo cortesano que le dirá cuatro frases galantes de esas que enloquecen a las chiquillas.
Después de mil peripecias largamente narradas en el libro del padre Alonso Ramos y en el que en 1641 publicó en Lima el agustino fray Fernando Valverde, terminó su obra nuestro escultor, y vencida la resistencia de los bandos tomasista y sebastianista, que a fuer de galantes cedieron el campo a una señora, quedó después de grandes fiestas instalada la Virgen de la Candelaria en la iglesia de Copacabana el día 2 de febrero de 1553.