fruslería

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fruslería

1. s. f. Cosa de poco valor se alegrará con cualquier fruslería que le regales. bagatela, chuchería
2. Acción o palabras de poca importancia o entidad sólo cuenta fruslerías que no interesan a nadie. vaciedad

fruslería

 
f. Cosa de poco valor o entidad.
Traducciones

fruslería

мура

fruslería

SF (= chuchería) → trinket; (= nimiedad) → trifle, triviality
Ejemplos ?
El crítico estadounidense Harry Levin afirma a este respecto que el escritor realista moderno, en referencia a Joyce, al contrario que un Balzac, que se decía "secretario de la sociedad", se mantiene aparte de esa sociedad que pretende retratar, esperando la oportunidad o la conversación entreoída que dé lugar a su historia; «estrictamente hablando, posee una visión oblicua sobre temas más amplios» y se interesa, no por las aventuras románticas o el incidente dramático, sino por las rutinas más insulsas y cotidianas, «mostrándose ansioso por descubrir el modo más económico de exponer la mayor cantidad posible de tales fruslerías».
El artista debe guiarse por dos criterios: oportunidad y selección; escoger un asunto proporcionado a sus fuerzas y mejor, «empezar sin énfasis, modestamente» (tópico de la falsa modestia), pues, caen en ridículo los que anuncian cosas graves y acaban con fruslerías.
Otros libros del autor, pero no de género dramático, son El libro malo, 1872; Tajos y reveses; Fuegos artificiales (1897); Pompas de jabón, 1896; El nuevo sistema métrico; Teatralerías (1897); Chucherías y fruslerías históricas, Peccata minuta, Salud y pesetas, Filibusterías y yankees al hombro, 1898; Un cuadro de historia, el poema Levantar muertos etcétera.
El último era el más joven, de noble fisonomía, pálido, azules los ojos con languidez expresiva, castaño claro el cabello, alto, delgado, muy finas maneras, y petimetre sin dijes ni fruslerías.
gozaba negándose rotundamente a echar una rúbrica ni decir palabra. ¡Su opinión! Él no tenía opinión sobre aquellas fruslerías. Que todo estaba perdido, que le dejasen en paz; esa era su opinión.
Encantado con aquel signo de bonanza, dime apenas el tiempo necesario para cambiar nuestro oro en letras, y comprar a Estela esas ropas, cintas y fruslerías que forman el equipaje obligado de una joven.
Una vez que la princesa cogió literalmente el toro por los cuernos, avivada plenamente su naturaleza lasciva, no pensaba conformarse con fruslerías.
-Y el asunto es que no puedo -declaraba él- desahogar con nadie, con nadie; porque me responderán: «¿De qué se queja usted? Ésas son insignificancias, minucias, fruslerías.
Nuestro humor, nuestra salud, nuestra dicha o desdicha momentáneas penden de esas fruslerías: de la ventana que cierra mal, de la puerta que nos coge los dedos, del plato soso o muy salado, del zapato que aprieta y de la llave que se ha perdido...
No hay en toda la ciudad, le respondió el mercader, negociante ninguno algo conocido, que no hubiese venido á traeros el bolsillo; mas quando os han dicho que os he vendido lo que en mi tienda habeis comprado el quadruplo de su valor, os han engañado, porque os lo he vendido diez veces mas de lo que ello vale; y esto es tan cierto, que si dentro de un mes os quereis deshacer de ello, no os darán ni el diezmo: y no hay empero cosa mas conforme á razon, porque siendo el antojo de los hombres lo que da valor á estas fruslerías, ese mismo antojo da de comer á cien obreros que empleo yo, y á mí me da una casa bien puesta, un buen coche, y buenos caballos.
¿No pudiera haber hablado el Correo, en lugar de sus fruslerías insípidas, de la educación literaria española, tan descuidada, en que no se observa generalmente ningún método, sino muchos errores, como son enseñar las lenguas muertas y extranjeras antes que la propia, no enseñar ésta nunca, lo que vemos muy a menudo; aprenderlo todo en latín, cosa muy útil para no aprender nada, perder doble tiempo y estropear el latín, descuidando el castellano, etc.; de los libros que debieran escogerse, para la enseñanza de la juventud, con preferencia a los demás; de cien mil cosas que pertenecen a este ramo, como son establecimientos públicos, seminarios, colegios, etc.?
De maderos entallados en mil labores prolijas, se levanta el frontispicio de resaltadas cornisas; hay en ellas un letrero donde, con letras antiguas, «don Pedro hizo estos palacios», esculpido se divisa. Mal dicen en sus salones las modernas fruslerías, mal en sus soberbios patios gente sin barba y ropilla.