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Frasquito

SM (forma familiar) de Francisco
Ejemplos ?
Uno de los fusilados en esa ocasión fue Frasquito, muchacho andaluz muy popular por sus chistes y agudezas y que era el amanuense de Rodil.
¿Vas a comparar a la Mantequita con tu delirio, que tiée por ojos dos luceros y un cintillo por boca y por pies dos altramuces? No, Frasquito, sa menester que te desengañes; eso que tú vas a jacer es más peligroso que er túnel de la Canasta.
enetró Pedro el Áncora en la vivienda del señor Frasquito el Levantino, y tras dar los buenos días a Ángeles, que, sentada junto a la ventana, entreteníase en componer un trozo de malla, se dejó caer frente a ella sobre un tosco taburete.
Rebuja por aquí, ojea por más allá, dimos con un espejo de gran cajón, y en éste una cata de cabellos de todos colores, enredados y como en bucles unos, otros trenzados y asegurados con cáñamo, otros lacios y flechudos, cuáles en ondas rizosas y bien pergeñadas, el cual "pelerío" se hacinaba entre grasientas y desdentadas peinetas desportilladas y horquillas nada bonitas y perfumadas. Un frasquito de tinta colorada me tentó, y como fuese a echarle mano con mucha golosina, me dijo Pepe: -¡No lo cojás!
Paco Cárdenas, que jamás había sabido hablar alto a nadie, enterose en aquel momento, por primera vez, qué era sentirse con ganas de pelea, y avanzando lentamente hacia el Frescales, cogió a éste con dos dedos por uno de los botones de la limpia guayabera, y -No sea usté inocente, señó Frasquito -le dijo con voz suave-.
-Mire usté, señó Frasquito, usté, manque tenga la cara siempre como si siempre estuviera jaciendo un embargo, usté tiée un corazón más grande que una carretera.
- exclamó frunciendo más que de costumbre el entrecejo el señor Frasquito - ¿No comprende ese alma mía que si la Rafaela acerta el mantón del Galafate, gustándole él más que el Galafate, la Rafaela no se merece ni que él le entorne el párpado, ni que la mire a la cara?
-dijo el Sordina en tono de zumba al verle penetrar seguido del Muñequero y del señor Frasquito en la habitación-, que está ahí el que nos va a dicir a tos los que estornudamos que aquí nadie se constipa sin pedirle antes premiso.
El señor Frasquito no pudo contenerse -repetimos-, y se incorporó con el semblante congestionado por los celos y la ira, y -Está bien, esto se arremató y na más que porque tú eres quien eres no te doy una puñalá y no te arranco er corazón y ¡te lo jecho en sarmuera!
Que yo, conjuntamente con el heroísmo para entregarme a la tortura, llevaba bien escondido en el bolsillo un frasquito con cocaína… Ahora calcule usted lo que es pasión.
Es usted muy amable. Y la digna dama terminó de bajar la escalera sin de­jar caer más que dos veces su frasquito de esencia. Entre tanto, lord Arthur Savile permaneció en pie cerca de la chimenea, oprimido por el mismo sentimiento de terror, por la misma preocupación enfermiza respecto a un porvenir negro.
De repente, allá en una esquina divisa la ventanilla alumbrada de una pequeña botica, tras cuya puerta dormita seguramente el boticario, reclinado en una silla, después de haber vendido un papelillo de calomelano para un cólico y un frasquito con jarabe de ipecacuana para un niño con tos convulsiva.