fragancia

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fragancia

s. f. Olor suave y agradable disfruta aspirando la fragancia del campo al amanecer. aroma

fragancia

 
f. Olor suave y delicioso.

fragancia

(fɾa'γanθja)
sustantivo femenino
aroma suave y agradable fragancia a jazmines
Sinónimos

fragancia

sustantivo femenino
aroma, perfume, olor*, esencia.
«Fragancia pertenece exclusivamente a las flores, en su sentido propio. Tiene fragancia una rosa, un clavel, un jardín, una azucena, un lirio. El aroma es propio de las drogas y de los árboles que lo producen. Es aromático el árbol de la canela, el del clavo, el del alcanfor, el de la pimienta. El aroma supone además una causa permanente de fragancia. Esta supone un efecto pasajero, en su estado natural; y por medio del arte suele algunas veces hacerse durable (...) Fragancia explica la idea de un olor grato, pero de poco tiempo, como es la vida de las flores; y el aroma expresa la idea de una larga duración.»
Pedro María Olivé
Traducciones

fragancia

arôme, parfum

fragancia

عِطْر

fragancia

vůně

fragancia

duft

fragancia

Duft

fragancia

tuoksu

fragancia

miris

fragancia

におい

fragancia

냄새

fragancia

geur

fragancia

duft

fragancia

zapach

fragancia

aroma

fragancia

запах

fragancia

doft

fragancia

กลิ่น

fragancia

koku

fragancia

hương thơm

fragancia

香味

fragancia

аромат

fragancia

SFfragrance, perfume
Ejemplos ?
Sembrador de los asfaltos, volátil campesino de los humos, eclipsaron tu sol entre sorpresas y frustrando sembradíos de efluvios en las superficies yermas de soñares los rumores de las sombras comprimidas te encadenaron… Entusiasmos enturbiados te fluyeron opacando la ascensión al arco iris, sin llevar más fragancias a la estepa ni brotar a las náuticas promesas de los mares.
Surcos sin semillas gotas desaladas, caídas a pesar del hierro, desfloradas sin fragancias, desgajadas hadas, humilladas de humos, humus liquidado, líquidos inverosímiles, símiles...
El recuerdo, semejante a un diente podrido, estaría en mí, y su hedor me enturbiaría todas las fragancias de la tierra, pero a medida que ubicaba el hecho en la distancia, mi perversidad encontraba interesante la infamia.
La mañana era espléndida y luminosa; el intenso azul del cielo, las fulgencias del cristalino espacio, las ráfagas de luz, el viento saturado de montesinas fragancias, la onda, en fin, de inmensa vitalidad en que se sintió envuelta hízola bambolearse y cerrar los ojos deslumbrada y embriagada por aquella plétora de vida.
Flexibles bayaferas fingían las exóticas flores, de cuyos pétalos obscuros se exhalaba un aliento de fragancias narcóticas que a las bestias sumían en ensueños impuros.
RITMOS Tomaré tus fragancias de playa —olas, oleajes, olear...— para hacer mis ropajes de fuego —llama, flameante, flamear— y al sentir tu vehemencia de nácar —perla, torcaz y coral— orlaré mi fatiga de rosas —rozante, rosado, rosal...— Palparé voluptuoso tus ondas —volutas, volantes, voladas— al matiz de tu abrazo soñado —soñador, soñoliento, sonámbulo— y agrietado mis huecos sin nombre —anónimo, antónimo, homónimo...— dejaré penetrarme tus cantos —cantores, cantando, cantantes— y vistiendo tus ritmos callados —percusiones, alientos y cuerdas— entre músicas nunca sentidas —electrón, contrapunto, oquedades— precipitaré mi cuerpo ::—eco— ::::al desnudo fondo ::::::—cosmos— de tus sinfonías...
—más que jamás campesino— se labra de buen amor... LOCURA Un día de tantos días la oscuridad florecerá y allí donde haya espinas fragancias nacerán...
Vi el sol de plata, el nácar del mar, el cielo ardiente, horrores encallados en las pardas bahías y mucha retorcida y gigante serpiente cayendo de los árboles, con fragancias sombrías.
El verdadero tipo, el ejemplar verdadero de la mujer no es Rebeca, ni Débora, ni la Esposa del Cantar de los Cantares llena de fragancias como una taza de perfumes.
Tú habías nacido aquel día y eras tan pequeña, tan graciosa, tan frágil que parecías un capullo de rosas, de esos que los ciegos hombres cortan antes de permitir el ofrecimiento de las fragancias de sus pétalos a los amigos vientos.
La galguita gris tenía en este mundo quien la protegiese, quien la amase, y no era un ciego roñoso, no era un carnicero brutal, que hoy acaricia y mañana atiza un puntapié, sino una señora deslumbradora de majeza y lujo, que derramaba fragancias, que hablaba con tono imperativo, y ante la cual se inclinaban hasta el suelo los guardianes...
Al principio (confesaba Edgard) los colores y las formas eran bellos; la música, selecta y sublime; las fragancias, embriagadoras; la cocina y bodega, inauditas y cada cosa de por sí y todas juntas, admirables y únicas por su delicadeza y primor.