florentino

florentino, a

1. adj. De Florencia, ciudad de Italia.
2. s. Persona natural de esta ciudad.
NOTA: También se escribe: florentín

florentino, -na

 
adj.-s. De Florencia.
Traducciones

florentino

Florentiner

florentino

fiorentino

florentino

/a
A. ADJFlorentine
B. SM/FFlorentine
Ejemplos ?
No es mala tu compañia si mucho tiempo te dura. Y mascullando otra tos que la garganta le anuda, llegó a una sala cuadrada donde el Florentino estudia.
Cuando el genio se eleva en su destino, sigue su inspiración sublime y rara, y da formas al bronce florentino...
Cada vez que se separaba de una de estas maravillas del arte florentino, suspiraba pensando que las grandezas de la cuna, el oro de la cuna, no siempre servían para inspirar a los corazones femeniles la pureza del oro.
Y transcendiendo de ajena patria a propria patria, el señor rey don Juan el Segundo armó caballero de la espuela dorada a Dello, pintor florentino...
Sobre el rojo de la pared, cubierta con opaco tapiz de lana, brillaban las cinceladuras de los puños y el acero terso de las hojas de dos espadas cruzadas en panoplia sobre una rodela, y destacándose del fondo oscuro del lienzo, limitado por el oro de un marco florentino, sonreía con expresión bonachona, la cabeza de un burgomaestre flamenco, copiada de Rembrandt.
Y después de aducir las definiciones de los concilios Florentino y Tridentino, confirmadas por el Vaticano I, añade: «Por lo cual nada importa que el Espíritu Santo se haya servido de hombres como de instrumentos para escribir, como si a estos escritores inspirados, ya que no al autor principal, se les pudiera haber deslizado algún error.
Tú no fuiste práctico, sublime guerrero, poeta que soñaste y realizaste la independencia de cinco naciones semisalvajes, para venir a morir, bajo techo ajeno, sintiendo dentro de ti la suprema melancolía del desengaño, a la orilla del mar que baña tus natales costas; ni tú tampoco, pobre genovés soñador que le diste un mundo a la Corona de España, para morir entre cadenas; ni tú, manco inmortal, que pasaste miserias sin cuento; ni tú, florentino sublime que con el alma llena de las ardientes visiones de tu Divina Comedia, mendigaste el pan del desterrado, ni tú, Tasso, ni tú, Petrarca, ni tú, pobre Rembrandt, ni tú, enorme Balzac, perseguido por los ruines acreedores, ni vosotros, todos, ¡oh!
Dejemos al noble Duque, en armas y amor insigne, que la divina escultura enamorado acaricie; dejemos al Florentino, que de su mano recibe repleto saco, que augure horas tras su afán felices, y entrémonos en su casa, donde su amorosa Tisbe está a la reja esperando que dé la vuelta el artífice.
Debemos tener presente, además, que el florentino es lo que dice y lo que no dice y es también históricamente lo que le atribuyen.
diputado Bernardo Bátiz Vázquez: Honorable Asamblea: Con el pragmatismo ajeno a toda ética que caracterizó a su época, Maquiavelo el florentino decía que el primer deber de los gobernantes es gobernar, quería significar que los príncipes del Renacimiento a quienes dedicaba sus enseñanzas de política cínica, tenían que conservar el poder a toda costa, lo mismo sacrificando el fin a los medios que usando y abusando de cualquier medio para conseguir un fin, el gobernante, según este pensamiento, debe mantenerse en el poder y con todo el poder a como dé lugar.
Cuando Dante llevaba a la Sorbona ciencia y su maravilloso corazón florentino, creo que concretaba el alma de Florencia, y su ciudad estaba en el libro divino.
Era sin duda de los elegantes apasionados de la baronesa, de los que diariamente aplaudían sus ejercicios y también su extraña hermosura, su cuerpo estatuario, su cabeza de líneas como cinceladas por un artista florentino en bronce pálido con ráfagas de oro.