Ejemplos ?
Y todo lo tuvo, porque el oro proporciona a manos llenas sonidos, sabores, aromas, formas y matices divinos, de los que hermosean artificialmente el cuadro de la creación; y le envidiaron los que no podían comprar esas felicidades, no porque Edgard las ostentase con alarde de mal gusto, sino porque justamente, al esconderlas con celoso cuidado, las hacía suponer infinitas, misteriosas y distintas de la Tierra.
Solo una cosa, un gobierno sabio y económico, un gobierno que impidiendo a los hombres el perjudicarse uno a otros, les de plena libertad para ejercer su industria, y gozar del fruto de su trabajo; un gobierno que no arranque de la boca del hombre industrioso, el pan que ha ganado con su sudor. Esta es la perfección de un buen gobierno, y esta es la que necesitamos para completar el círculo de nuestras felicidades.
Y ahora, poseído de dolor, me veo pre- cisado á tomar el sable desnudo, como defensor de la religión, sólo con el objeto de derribar esas felicidades lisonjeras con que los tiranos nos tienen engañados, por saciar sus codiciosas ambiciones.
Existían, por tanto, en lugar de la dicha terrena, otras felicidades mayores, otro amor por encima de todos los amores, sin intermitencia ni fin, y que crecería eternamente.
-He olvidado, doctor -dijo la madre de mistress Strong cuando nos hubimos sentado-, felicitarle en este día, como es de rigor, aunque en mi caso esto no es una fórmula; permítame desearle muchas felicidades para este año y muchos que le sigan.
Del mismo modo debe entenderse en cuanto a las felicidades terrenas, las cuales, si el Omnipotente no las concediese con mano liberal a algunos que se las piden con humillación, diríamos que esta particular prerrogativa no pertenecía a la omnipotencia de un Dios tan grande, tan justo y compasivo, y por consiguiente, si fuese tan franco que las concediese a cuantos las exigen de su bondad, entendería nuestra fragilidad y limitado entendimiento que no debíamos servirle por otro motivo que por la esperanza de iguales premios, y, semejantes gracias no nos harían piadosos y religiosos, sino codiciosos y avarientos.
Pero esto, como digo, lo omito, ni quiero atribuir a no sé qué Marica la sangrienta felicidad de Mario, sino a la oculta providencia de Dios, para tapar la boca a los, incrédulos y para librar de su ceguedad y error a los que tratan este punto, no con compasión, sino que lo advierten con prudencia, porque aunque en estos acontecimientos pueden algo los demonios, es tanto su poder cuantas son las facultades que les concede el oculto juicio del que es Todopoderoso, para que, en vista de tales desengaños, no apreciemos demasiado las felicidades terrenas...
Y si no agradaba a los dioses la parcialidad de Sila, que es para quien los infelices moradores guardaban su ciudad cuando cerraron las puertas, ¿por qué prometían tantas felicidades al mismo Sila?
CAPITULO PRIMERO De los que dicen que adoran a los dioses, no por esta vida presente, sino por la eterna Ahora, pues, porque según lo pide nuestra promesa habremos también de refutar y desengañar a los que intentan defender que debe tributarse adoración a los dioses de los gentiles, que destruyen la religión cristiana, no por los intereses y felicidades de esta vida...
Pues si el hombre fue criado tal, como por la cualidad que en él es la más excelente de todas, y le hace superior a todos los entes, alcance lo que excede a cuantas dichas y felicidades pueden conseguirse; esto es, el conocimiento y visión beatífica de un solo Dios verdadero, sumamente bueno, justo y omnipotente, sin el cual no hay naturaleza que pueda subsistir por sí, ni doctrina que nos alumbre, ni costumbre que nos convenga, búsquese, pues, a este gran Dios en quien tendremos nuestra felicidad segura, sígase a este mismo en quien todos lo tenemos cierto, y ámese de corazón a éste, en quien todo lo tendremos bueno.
Recuerdos de lo pasado y horizontes de lo venidero, ritornelos de felicidades que hacían llorar y esperanzas de bienes que hacían sufrir, perspectivas y lontananzas azules y diamantinas, o envueltas en brumas tenebrosas, se aparecían al dueño de la cabeza destornillada, quemándole la sangre y sometiéndole a una serie de emociones y sobresaltos que no le dejaban vivir, porque le traían fatigado y caviloso entre las reminiscencias del ayer y las probabilidades inciertas del mañana.
Este vicioso es tan popular, que hasta los pobres más pobres lo crían, aunque sea en una olla rota. Parece que hace soñar, como el opio, felicidades imposibles.