fausto


También se encuentra en: Sinónimos.

fausto, a

(Del lat. faustus, favorable, auspicioso.)
adj. Que causa alegría o felicidad con ocasión de la boda real, dieron una gran fiesta para celebrar tan fausto acontecimiento. aciago

fausto, a

(Alteración del lat. fastus, orgullo, soberbia.)
s. m. Demostración de gran lujo, riqueza e importancia al celebrar ciertos actos y ceremonias se comportó con gran fausto. magnificencia
NOTA: También se escribe: fasto

fausto

  (del l. fastuo)
m. Suntuosidad, pompa; lujo extraordinario.

fausto -ta

  (del l. faustu)
adj. Feliz, afortunado.

Fausto (Faust)

 
(s. XV) Personaje legendario alemán. Su leyenda es la del hombre que vende su alma al diablo, Mefistófeles, a cambio de la juventud y del placer.
lit. Protagonista y título de un poema dramático de J. W. Goethe, Fausto aparece como el símbolo de afán de infinito que posee el hombre y lo convierte en tema universal por sus valores filosóficos y humanos. En el s. XX aparece una nueva versión de Thomas Mann, Doctor Fausto.
Sinónimos

fausto


fausto

, fausta
adjetivo

fausto:

felizafortunado, satisfecho, alegre, risueño, propicio, dichoso, venturoso,
Traducciones

fausto

günstig

fausto

propice

fausto

fausto

fausto

Fausto

fausto

Fausto

fausto

ファウスト

fausto

파우스 토

fausto

Fausto

Fausto

SMFaust

fausto

A. ADJfortunate, lucky
fausto acontecimientohappy event
fausta noticiahappy news
fausta ocasiónhappy occasion
B. SMsplendour, splendor (EEUU), magnificence
Ejemplos ?
Abraham Williams C. Por el Departamento de Gracias a Dios: Fausto Echeverría Haylock. Por el Departamento de Intibucá: Ismael Martínez Argueta.
Con tal rencor aborreció los tiranos, que, siendo niño y concurriendo a unos juegos con Fausto, hijo de Sula, y encareciendo el poderío de su padre con grandes encarecimientos, Casio le dio una bofetada.
Hay que advertir que, familiarizados con aquel ambiente, estábamos en el andamio como en un taller, y yo obsequiaba a aquel mundo de santos, vírgenes y ángeles inmóviles y empolvados por los siglos con las romanzas aprendidas en mis noches de “paraíso”, y tan pronto cantaba a la “celeste Aída”, como repetía los voluptuosos arrullos de Fausto en el jardín.
Palabras no hay en mi lengua ni fuerza en mi fantasía, de la hermosa Alejandría y del rico mercader, para contar sin agravio de la ciudad, o del moro, de éste el inmenso tesoro, de aquélla el fausto y poder.
Digo brillante, mas ¿cuál es su esplendor? El gusto por el fausto no se asocia en las almas con el de la honradez. No, no es posible que espíritus degradados por una multitud de trabajos y cuidados fútiles, se eleven jamás a nada grande, y aun cuando tuviesen la fuerza, les faltaría el valor.
Sabía el Fausto, en gran parte de memoria, y, para cambiar alguna vez, había tomado una obra de Carlos du Prel, pero sin que sus ideas hubiesen dejado huellas en mi ánimo; las leía para distraerme o para cambiar de lectura.
C...desde ahora, coge una espada, traza en el centro de la pieza el Pentaclo de Salmón (de que hace uso Goethe en el Fausto), pronuncia una fórmula, para nosotros incomprensible, y nos ruega formar una cadena tomándonos de las manos.
De nosotros, el artista, el intelectual, el que podía preciarse de que le visitaba la gloria, era Fausto Delmonte, y su palidez amarillenta, la botella de agua mineral que colocó al lado de su cubierto el mozo, y el frasquito de medicamento extranjero que él mismo puso cuidadosamente al otro lado, me delataron al hombre mordido por padecimiento incurable, herido en las hondas raíces de la energía orgánica y a quien los ramos de laurel no compensaban el desastre físico.
Chocándole a uno de sus familiares ver que el obispo, tan desprendido del fausto y del dinero, conservaba una escupidera de oro, manifestole su extrañeza con esta pregunta: -¿Cómo es que su señoría, que todo lo da a los pobres, no se ha desprendido de esta alhaja?
La Mariposa levantó un muro de hielo contra los seniles ardores del mejicano enriquecido; pero las súplicas del Manco fueron tales, y con tanta insistencia propaló el fausto acontecimiento en sus discursos, que la muchacha llegó a temer el ridículo si no cedía, y acabó por dar su asentimiento.
Estoy harto de intrigas amorosas; estoy de mujerío hasta aquí y, además, ahora el amor no se lleva, no viste. -No se lleva -objetó Fausto Delmonte, el literato- para los que hemos doblado el cabo.
Nunca los días me parecieron tan cortos, ni las noches tan deliciosas, como en aquel bendito tiempo en que contando apenas veinte años, provisto el bolsillo de lucientes onzas de oro, y la mente de doradas ilusiones, habité en aquel emporio del fausto y de la belleza.