falisco

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falisco

(Del lat. faliscum.)
s. m. POESÍA Verso de la poesía griega y latina formado por tres dáctilos y un espondeo.

falisco

 
adj.-s. métr. Díc. de cierto verso de la poesía clásica constituido por tres dáctilos y un espondeo.
Ejemplos ?
Este retraso aflojó su intención de provocar agitación, mientras que Camilo, el adversario al que más temían, se cubría de nueva gloria contra los faliscos.
Aquí; luego que resuenan los acentos solemnes de la flauta, el cortejo anual pónese en marcha por veredas cubiertas de césped; entre los aplausos del pueblo, son conducidas unas blancas terneras que alimentó la fresca hierba de los prados Faliscos, unos novillos poco temibles por las cortas astas de sus frentes, un puerco, víctima menor arrancada a la humilde choza, y un carnero, jefe del rebaño, con los cuernos retorcidos hacia atrás.
Marchan con él los escuadrones Fesceninos y los Faliscos, afamados por su justicia; los que oran en las alturas de Soracte, y en los Flavinios campos, y en las montuosas márgenes del lago Cimino, y en los bosques Capenos.
Muerto Agamenón, Haleso huyó del lugar del crimen, abandonando los tesoros de su padre, y después de errar prófugo por tierras y mares, edificó con dichosos auspicios una ciudad ceñida de fuertes murallas. Él enseñó a los Faliscos a conmemorar la fiesta de Juno, que así sea favorable siempre a mí y a mi pueblo.
Los faliscos tenían sus propias razones para temer las hostilidades, pues ya habían participado en la guerra anterior contra Fidenas.
Cuando el enemigo trató de obstaculizar la labor de atrincheramiento, los derrotó y los puso en fuga, y tal pánico se apoderó de los faliscos que en su desbandada pasaron más allá de su propio campamento, que estaba más próximo a ellos, y se dirigieron a su ciudad.
Había, dijo, puesto a los faliscos en manos romanas pues estos muchachos, cuyos padres estaban al frente de los asuntos de la ciudad, estaban ahora en su poder.
Además de las recientes guerras declaradas el año anterior, los faliscos habían sido culpables de dos actos hostiles: sus hombres habían luchado en las filas de los tarquinios y, cuando los Feciales demandaron su entrega, habían rehusado entregar a los que habían huido a Tarquinia tras su derrota.
Tenían como dictador al mismo Emilio Mamerco que en Nomento venció a las fuerzas combinadas de Veyes, Fidenas y el apoyo de los faliscos; el jefe de caballería sería en las batallas por venir el mismo Aulo Cornelio que dio muerte a Lars Tolumnio, rey de Veyes, ante los ojos de dos ejércitos y llevó los mejores despojos al templo de Júpiter Feretrio.
No sólo se enfrentaban los comandantes romanos entre sí con más fuerza que la que oponían el enemigo: la guerra adquirió un carácter más serio con la llegada repentina de los capenates y los faliscos.
Su única esperanza era que llegase ayuda del campamento principal de modo que las legiones pudiesen combatir espalda contra espalda, unos contra los capenates y faliscos y los otros contra los que salían de la ciudad.
Estos hombres habían proporcionado primero a los veyentinos una salida para prender fuego a las obras de asedio, y ahora habían traicionado al ejército y entregado el campamento romano a los faliscos.