extremeño


También se encuentra en: Sinónimos.

extremeño, a

1. adj. De Extremadura, región del oeste de España.
2. s. Persona natural de esta región.
3. s. m. LINGÜÍSTICA Variedad del castellano que se habla en esta región.

extremeño, -ña

 
adj.-s. De Extremadura.
adj.-s. Que habita en los extremos de una región.
m. ling. Nombre que recibe el castellano hablado en Extremadura.
Traducciones

extremeño

Extremaduran

extremeño

estrémaduran

extremeño

/a ADJ & SM/FExtremaduran
Ejemplos ?
En la fortaleza de los Udaia, la parte más antigua de la ciudad, se instaló la mayor parte de los tres mil habitantes del pueblo extremeño de Hornachos, que se mantuvieron unidos tras la expulsión y acabaron obteniendo del sultán Mulay Zaydan el encargo de reconstruir y custodiar la vieja alcazaba.
El hombre de la gorra gris, su cuñado, es extremeño; como suelen hoy — (¿dónde nació Pizarro, Hernán Cortés?) — los de su tierra, tiene el carácter reblandecido y morazo; sin espontaneidad, sin arranque, va al estricote del otro.
Cervantes publicó doce novelas: La Gitanilla, La fuerza de la sangre, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, El amante liberal, El Licenciado Vidriera, El celoso extremeño, Las dos doncellas, La ilustre fregona, La señora Cornelia, El casamiento engañado y el Coloquio de los perros, jactándose en su prólogo de haber sido el primero en novelar en lengua castellana.
En Galicia nos echaban de los pueblos. — ¡Qué gente, la verdad!—interrumpió el extremeño—. Pero yo me decía: donde una tierra acaba otra empieza.
Y entonces el extremeño cómico y lamentable pronunció esta frase esencial: — Le digo a usted que esta guerrita va a arreglar el estómago a más de cuatro.
DEL FANDANGO EXTREMEÑO I Contentete me puse y alborotao al sabé que mi suegra l'había diñao; pero mi mujé quiso que yo sufriera, y al parir a mi hija, parió a mi suegra: ¡Qué mala pata tienen algunos hombres cuando se casan!
Entonces a todos se les vino a las mientes que el extremeño no era ningún majagranzas, sino hombre de genio zumbón y despierto, y que en cierta época había compuesto décimas y ovillejos en loor de no sé qué santo.
Diariamente el azadón de un extremeño tropieza en su camino con los manes de un héroe, y es común allí el hallazgo de una urna cineraria, o de un tesoro numismático, coetáneo de los emperadores.
¡Onzas de sangre, metros de sangre, líquidos de sangre, sangre a caballo, a pie, mural, sin diámetro, sangre de cuatro en cuatro, sangre de agua y sangre muerta de la sangre viva! Extremeño, ioh no ser aún ese hombre por el que te mató la vida y te parió la muerte y quedarse tan sólo a verte así, desde este lobo, cómo sigues arando en nuestros pechos!
Aquí Marramaquiz, desatinado, cual suele arremeter el jarameño toro feroz, de media luna armado, al caballero, con airado ceño (andaluz o extremeño: que la patria jamás pregunta el toro), y, por la franja del bordado de oro caparazón, meterle en la barriga dos palmos de madera de tinteros, acudiendo al socorro caballeros, a quien la sangre o la razón obliga, al caballo inocente, que pensaba, cuando le vio venir, que se burlaba, «¡Gallina Mizifuf!
Es el gallardo extremeño, a quien hace quince días que de Medellín, su patria, arrojó su valentía, y que en una gruesa nave debe aquella tarde misma despedirse de la Europa a buscar remotos climas.
Si Pizarro hubiera sido andaluz y no extremeño, o si entre los primeros conquistadores, en vez de vascos y castellanos, hubiera habido siquiera un centenar de hijos de la tierra de María Zantízima, posible es que hubieran lanzado un «¡Sonsoniche!