extático

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extático, a

adj. Que está en éxtasis.

extático, -ca

 
adj. Que está en éxtasis.

extático, -ca

(eks'tatiko, -ka)
abreviación
que experimenta un placer o admiración tan intensos que se olvida de todo lo demás Quedó extático ante la inmensidad y exuberancia de la naturaleza.
Traducciones

extático

estatico

extático

ADJecstatic, rapturous
lo miró extáticohe looked at it ecstatically
Ejemplos ?
El gobernador había hecho la ofrenda, y, terminado su discurso, el cardenal respondió, solicitando la paz universal por intercesión del Santo más belicoso que existe; la misa tocaba a su término, y el semblante del penitente conservaba la misma expresión extática, grave y dolorosa; tal vez hasta una lágrima reluciese entre su barba hirsuta, del color del oro viejísimo, nublado por el polvo secular de los adornos del retablo.
Petra, a quien la alegría deslumbraba de modo que la hacía buena y no la dejaba sentir la envidia, se volvió sonriente hacia el rincón de Juana, que estaba como la grana, con la mirada extática, fija en D.
Era el alma de Beethoven, ruiseñor inmortal, poesía eternamente insepulta, como larva de un héroe muerto y olvidado en el campo de batalla; era el alma de Beethoven lo que vibraba, llenando los ámbitos del Circo y llenando los espíritus de la ideal melodía, edificante y seria de su música única; como un contagio, la poesía sin palabras, el ensueño místico del arte, iba dominando a los que oían, cual si un céfiro musical, volando sobre la sala, subiendo de las butacas a los palcos y a las galerías, fuese, con su dulzura, con su perfume de sonidos, infundiendo en todos el suave adormecimiento de la vaga contemplación extática de la belleza rítmica.
Por desgracia, yo solamente podía verla el rostro aquellas raras veces que hacia mí lo tornaba, y la Niña Chole tenía esas bellas actitudes de ídolo, esa quietud extática y sagrada de la raza maya, raza tan antigua, tan noble, tan misteriosa, que parece haber emigrado del fondo de la India.
El cráneo del minero estaba hecho pedazos, y su rostro desfigurado; sin embargo, el indio que cavaba, que no era otro que su hermano Yoboan, le reconoció cuando le pasaron junto a él, y la dolorosa sorpresa se mostró en su semblante. Dejó caer el azadón, cruzó los brazos y su mirada extática siguió el cadáver de su pobre hermano.
Ama los mismos cisnes, espejos, luces duras, cabelleras femeninas, y tiene el idéntico temblor fijo del barroco, con la diferencia de que Góngora es más fuerte y aporta una riqueza verbal que Mallarmé desconoce, y tiene un sentido de belleza extática que el delicioso humorismo de los modernos y la aguja envenenada de la ironía no dejan ver en sus poemas.
A veces, mientras hablo con alguno mirándolo a los ojos, tengo la impresión de que los gestos de mi interlocutor y los míos se han detenido en extática dureza, aunque la acción prosigue; y que entre palabra y palabra media una eternidad de tiempo, aunque no cesamos de hablar aprisa.
Al relatar su ensueño ante el emperador y su corte, cantó con expresión tan vagorosa y dulce, los brazos caídos y la extática mirada en lo alto, como si viese llegar montado en una nube al misterioso paladín, que el público no pudo contenerse ya, y como la retumbante descarga de una fila de cañones, salió de todos los huecos del teatro, hasta de los pasillos, la atronadora detonación de aplausos y gritos.
Y la ruina de Jerusalén, y el relato de la celebración de la Pascua, y la oferta del Cuerpo y de la Sangre, y luego, la hora de agonía en el Huerto, y el Prendimiento sellado con el beso de traición, y los azotes, y el escarnio. Séfora, extática, bebía el amargor celeste del drama, antes para ella ignoto.
El cazador no sabía ya qué pedazo tajar en el magro cuerpo; un respeto inexplicable le impedía llegar con su cuchillo al cuello y arrojar en la balanza la cabeza, siempre iluminada por sonrisa de extática beatitud...
Pero cuando por pantalla de ese amor mentido hay dos ojos inmensos, que empapándonos de dicha se anegan ellos mismos en un amor que no se puede mentir: cuando se ha visto a esos ojos recorrer con dura extrañeza los rostros familiares, para caer en extática felicidad ante uno mismo, pese al delirio y cien mil delirios como ese, uno tiene el derecho de soñar toda la noche con aquel amor—o seamos más explícitos: con María Elvira Funes.
Mi religión y mi amor, Y huyo a mi pesar de ti. Huye de aquí.» La voz se heló en su garganta, Cayó y rompióse la lira, Al moro extática mira, Mas ya ni le ve ni canta.