estanciero

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estanciero, a

s. Amér. Merid. OFICIOS Y PROFESIONES Dueño de una hacienda o persona que cuida de ella.

estanciero

(estan'θjeɾo)
sustantivo masculino
persona que posee un establecimiento rural la asociación de estancieros
Traducciones

estanciero

estancieiro

estanciero

landlord, rancher, tiller

estanciero

/a SM/F (LAm) → farmer, rancher
Ejemplos ?
He ahí el programa nacionalista –La subdivisión de la propiedad viene sola; las fuentes de producción se ahondan y ensanchan en virtud de la propia iniciativa de los estancieros.
Seguramente, cada uno de estos muertos, durante su vida, había creído trabajar para sí; los más, con la esperanza de llevar a su patria la fortuna conquistada por su trabajo, en tierra extranjera, sin acordarse, que, quiera o no quiera, el hombre, aun el más egoísta, no trabaja más, al fin, que para aumentar la herencia común de la humanidad. Estancieros y peones...
Alegres los estancieros dejan sus pobres hamacas: el uno el terreno siembra de plátanos y de caña, el otro a sus mansos bueyes unce coyunda pesada, y el sitiero enamorado, lleno de amorosas ansias, con melancólico acento así a su sitiera llama: "La luna está como el día y yo velando a tu puerta: despierta, mi amor, despierta, ven, acude a mi agonía.
El ejido del pueblo lindaba con dos provincias, de modo que si bien pertenecían a su jurisdicción los gauchos del malón, los estancieros robados tenían que elevar sus quejas a otro comisario, sin que él pudiera hacer otra cosa que darles buenas palabras de consuelo y promesas de ayuda.
Y así, durante un tiempo, les sucedió sin cesar a los hermanos Sánchez, estancieros y comerciantes recién establecidos en el partido.
¡Vaya con el tren bendito! Sólo, con los estancieros, cantaba, sin reserva, glorias al ferrocarril, la voz alegre de Juan Cornifieri.
Entre ellos, iban caballadas de estancieros ricos, que lucían así su devoción a una personalidad, de cuyo triunfo esperaban muchos bienes, y tropillas de pobres gauchos cuya convicción, algo vaga, los hacía seguir a los amos, sin darse cuenta cabal de para quién, ni contra quién iban a combatir; y lo peor era que la misma suerte corrían caballos de servicio de modestos hacendados que, sin poder discernir, con la necesaria elevación de ideas, la necesidad de lo que los otros llamaban una revolución, sólo comprendían que, sin compensación posible, salían ellos amolados, a la fija.
Amistades o relaciones de familia, influencias políticas, el respeto instintivo de las autoridades para la fortuna, el orgullo del potentado territorial, cierran las tranqueras, cortan los caminos, entorpecen la circulación en las arterias del país, creando conflictos. Los estancieros abren tranqueras, como lo exigen la ley, pero cierran las puertas con candado.
No dejaba de sufrir, a veces, epidemias como cualquier hijo de vecino, pero fuera por prolongada sequía o por inundaciones, nunca llegaba a cuerear lo que los demás estancieros de la región.
Los indios siempre dejaban abandonados numerosos animales rezagados, al arrear el inmenso botín de sus malones; los estancieros, por su lado, cuidaban con poco esmero, pasando a veces varios años sin herrar, sin recoger siquiera; y de tantos animales errantes, en busca de agua o de pastos buenos o de la querencia antigua, que vagaban en esa zona intermedia de las estancias y de las tolderías, no podían dejar, algunos siquiera, de dar con la laguna de Loritegui; y una vez que habían probado sus aguas, descansado en sus orillas, saboreado sus pastos floridos y cambiado pareceres con las vacas del vasco, allí no más se quedaban.
A fuerza de asiduidad y de esmero les hizo rendir productos desconocidos hasta entonces; mejoraba sin cesar la cría, vendiendo o comiendo toda oveja gorda que no fuese de muy buena lana o hubiese pasado de cierta edad, comprando carneros finos en la medida de sus medios, pero con ojo tan certero que siempre le salían baratos; y sucedió que bien pronto no tuvo capones para vender, pues todos sus corderos machos se los disputaban los estancieros vecinos para carneros de sus majadas de campo.
on Ramón Pérez, uno de los estancieros más ricos de la República Argentina, daba una fiesta espléndida a sus relaciones para celebrar el nacimiento de su décimo vástago.