estanciero

Búsquedas relacionadas con estanciero: estancia, estanciera

estanciero, a

s. Amér. Merid. OFICIOS Y PROFESIONES Dueño de una hacienda o persona que cuida de ella.

estanciero

(estan'θjeɾo)
sustantivo masculino
persona que posee un establecimiento rural la asociación de estancieros
Traducciones

estanciero

estancieiro

estanciero

landlord, rancher, tiller

estanciero

/a SM/F (LAm) → farmer, rancher
Ejemplos ?
–Esto se dice en el momento mismo en que el gobierno tiene que iniciar trabajos empeñosos para que el ganado criollo tenga mercados de consumo, porque el saladero se va y el frigorífico no faena sino animales de mestización y engorde. –No hay que estimular el cultivo, que vendrá cuando el estanciero lo necesite.
Se lo dieron sin mayor dificultad, y aunque poco le gustara empeñarse así, no vaciló en realizar el sueño dorado de toda su vida de estanciero: alambrar su campo.
El estanciero rico, el comerciante bien pueden abonar al comisario una pequeña suscripción mensual, para que cuide, con mayor celo, de sus intereses; y el que, de mezquino, no quiere contribuir, tampoco se puede quejar de que los cuatreros le peguen malones; y si lleva, alguno de los damnificados, al comisario, para que vea por sus propios ojos, las panzas y las cabezas de las vacas que, de noche, le han carneado, se quedará éste pensativo, pero calladito, adivinando ya de dónde ese diablo de Fulano ha sacado, para mandárselo, un costillar tan gordo.
Enterado ya del asunto por Eufemio, para quien tenía la estima que siempre tiene un estanciero para el que, por sus cualidades, le haría cuenta tener de puestero, había formado su plan.
Había una vez un estanciero muy rico. En 1877, cuando la conquista de la Pampa sobre los indios, había comprado al gobierno nacional veinte leguas de campo, o sean cincuenta mil hectáreas, por la ínfima cantidad de ocho mil patacones.
Entre dos latigazos a los mancarrones, cansados de tanto andar en camino nuevo, sin huellas, se oían caer, como las perlas deshiladas de un collar roto, imprecaciones dirigidas al estanciero, al gobierno, a la misma madre del gobierno, y a Dios, y al diablo, que bien se los podía llevar a todos, hasta que se detuvo el carro que iba primero, y, bajándose, dijo el carrero a su acompañante: -«¡A qué lo corto!
No cabe duda que más era la orgullosa codicia del conquistador, que el apetito vil del lucro, la que hacia levantar antes del alba, al estanciero de antaño, para recoger, en la mayor extensión posible de campo, las haciendas alzadas, y chantar su marca a todo lo que caía.
Un día llega todo apurado al pueblo un forastero, joven, buen mozo, pero a medio vestir y montado en un parejero ensillado de prisa con dos matras; se baja en una casa de negocio y allí cuenta que le han robado una tropilla de la misma marca del parejero; que él es hijo de un estanciero de la otra provincia, y que, sin haberse dado tiempo para nada, salió siguiendo a los ladrones.
La multiplicación de los alambrados que aseguran la propiedad; el estado de mansedumbre relativa de las haciendas; la reducción paulatina de los rodeos; su repartición en potreritos; el cambio radical, en fin, en el modo de trabajar, todo nos aleja, cada día más rápidamente, de los tiempos felices en que toda la ciencia del estanciero se reducía en madrugar mas que el vecino, para marcar orejanos y soltarlos, sin ocuparse más de ellos.
No será dueño de los vagones, pero lo mismo que en un momento, los consigue en cantidad para el agente de carga don Fulano, lo mismo, don Zutano simple estanciero, y don Mengano, agricultor, tendrán siempre que esperar unos cuantos días para poder cargar la mitad de su lana o de su trigo: y ese poder oculto obliga a los más resabiados a caminar derecho, y a pagar, calladitos, a don Fulano, agente de cargas, una pequeña comisión.
No había para él partido político, ni pobres, ni ricos, y lo mismo hubiera prendido al estanciero poderoso, por haber cortado un alambrado para dar paso a su break lujoso, que a un vago, por haber carneado de noche, o al pulpero, por haberle comprado el cuero.
El pulpero primero le compró mil y volvió por mil más; y un estanciero de la vecindad también quiso, y otro, y otro, tanto que cuando llegó el invierno, Benjamín, había cortado y vendido todo el junco de su cañadón, y tenía a su haber en la casa de negocio una punta de pesos.