Ejemplos ?
Es una lástima el que los espíritus más geniales, más vigorosos, más sinceros y más elevados de nuestra patria no hayan trabajado lo debido sus concepciones y sentimientos religiosos, y que en este país, que se precia de muy católico, sea general la semi-ignorancia en cuanto al catolicismo y su esencia, aun entre los teólogos. La llamada fe implícita ha tomado un des arrollo que debe espantar a toda alma sinceramente cristiana.
Visto desde el malecón, el muladar formaba una especie de acantilado oscuro y humeante, donde los gallinazos y los perros se desplazaban como hormigas. Desde lejos los muchachos arrojaron piedras para espantar a sus enemigos.
Constituiría un craso error pensar que la aparente "moderación" del marxismo frente a la religión se explica por sedicientes razones "tácticas", por el deseo de "no espantar", etc.
El carro rodaba con dificultad por entre la inmensa muchedumbre, que en cuanto pasaban los novios se unía a la comitiva que avanzaba en medio de incesantes aclamaciones, tan ruidosas que muchas veces llegaron a espantar a los caballos.
Luego era puesto en pie, y con un garrote que a la cabacera, desde que aquello le dijeron, ponía, daba en la pecadora del arca grandes garrotazos, pensando espantar la culebra.
Esto no debe espantar la lealtad de los nobles, sino advertirla para retirarse de donde los arrojará la condición y ceño de la fortuna.
Si coincidieron también otros amigos, por los cuales se hace más fuego, no aquel que quema en las cocinas de los comilones y que por su humo hce espantar a los guardias nocturnos, sino un fuego moderado, que quiere decir que han llegado huéspedes.
Vociferaron exclamaciones, silbidos, cuando llegaron al pie de la ciudad. No había en esto nada que pudiera espantar a Los de las Espinas.
Al otro día, ya como a las horas en que estaban en el baile todos los amigos y familiares de los patrones del perro viejo, llegó el coyote muy discretamente por atrás del corral y sin hacer ruido ni espantar a los pocos animales que habían quedado, se deslizó hasta donde el perro viejo lo estaba esperando: -¡Qué bien que llegaste primito coyote!- Exclamó muy contento el perro viejo.
Cerca de la orilla, se detuvo un gran grupo de garzas morenas de esas que cuando el día caliente, llegan a las riberas a espantar a los cocodrilos, que con las anchas mandíbulas abiertas beben sol sobre las rocas negras.
Se interesó en la futura mies que ya iba asomando; hacía espantar por los hijos la hacienda golosa que siempre trataba de venir a robar algunos de los sabrosos tallos del trigo en flor; contemplaba, admirado, la maravillosa alfombra de oro, toda tornasolada por el soplo del viento.
Míster Peggotty y Ham, comprendiendo mis sentimientos, nos esperaban a cenar con sus hospitalarios rostros alegres, para espantar mi tristeza.