Ejemplos ?
Sin un realillo de vellón, sin ropa, con la grasicnta faja en la cintura, conservando tu estólida gordura con la olla podrida y mala sopa. Pronto vestiste como Adán decente; que cariñoso, liberal, clemente, de la escoria te alzó noble peruano.
Pero, porque nuestro gobierno haya permitido sistemáticamente después de la guerra el triunfo de los criminales, la ocupación de la ciudad por la escoria del pueblo...
Y si empleamos la vida en obrar esta separación de lo propio y lo ajeno, del metal y la escoria; si luchamos, por el hierro y el fuego, aunque nos desgarremos y ardamos en cavarnos y encontrarnos y arrancarnos a lo de afuera, la muerte nos hallará dispuestos, y apenas sentiremos su mano glacial e irresistible.
¿A dónde va el mortal cuando la frente triunfadora del vicio, yergue, al bajar a la mundana escoria en pos de amor, y venturanza y gloria?
Hundidos en la escoria de los oros dejarían de ladrar su muchedumbre de venenos y sucumbirían sobre la arena del desierto petulante: sólo somos un segundo sanguinario que se acaba en un decir Jesús y sin más cruces nos ahogamos en océanos insepultos de vacío.
Las empecatadas lecturas de los mentirosos libros de caballerías, última escoria de aquel híbrido monstruo de paganismo real y cristianismo aparente que se llamó ideal caballeresco; tales lecturas despertaron en el honrado hidalgo la vanidad y la soberbia que duerme en el pozo de toda alma humana.
Pero media la pícara circunstancia de que esos hombres llevaron a cabo su horrible empresa por la módica retribución de veinte escudos; porque Monti y Toquetti eran dos pillastres de la ínfima escoria social.
Al increparle el representante de la ley por la horrenda profanación, en vez de disculparse, de atribuir el hecho a momentáneo extravío o frenesí matador de la razón y la conciencia, alzó la frente, hizo una mueca de reto y desdén, tomó la palabra con voz entera, estridente como un silbo, y todo el pueblo de Arfe, aquel pueblo morigerado, cristiano, honesto y celoso de la fama más que del cariño, que hace del honor una ley y de la honra un sagrario; todo el pueblo de Arfe, repito, supo que el último de los hombres (si no hubiese verdugo), un asqueroso vejezuelo, baldón y escoria de la humanidad...
Y si la escoria ha derruido el espíritu de ciertos mexicanos que se devanan en conquistar privilegios y egoísmos; si ha logrado corromper la grandeza Mexicana; si ha lacerado en ambiciones su lucha humanista, aquí estamos los nuevos maestros para estremecer las falsedades y arrojar ante sus faces-máscaras, los despojos de su decadencia.
-Son ustedes gente muy amable -dijo Uriah, siempre en el mismo tono, secándose con su mano flaca y larga unas gotas de sudor que resbalaban por su frente- que viene a comprar a un empleado, la verdadera escoria de la sociedad (como usted mismo lo era, Copperfield, antes de que nadie tuviera compasión de usted) y a pagarle para que me calumnie.
Gracias al capricho de la erupción que destruyó cuatro ciudades, aquella noble forma, reducida a polvo desde hace casi dos mil años, ha llegado hasta nosotros; la curva de una garganta ha atravesado los siglos cuando tantos imperios desaparecidos no han dejado ni rastro... Aquel sello de belleza, puesto por el azar sobre la escoria de un volcán, no se ha borrado.
Y juntando a esto la proposición de naturaleza, ´con naturaleza se contenta la naturaleza, y con ella misma se ayuda’, y los demás oráculos ciegos suyos, esperaban la redución de la primera materia y al cabo reducían su sangre a la postrera podre, y en lugar de hacer del estiércol, cabellos, sangre humana, cuernos y escoria, oro, hacían del oro estiércol, gastándolo neciamente.