Ejemplos ?
-A Dover --dije. -¿De dónde vienes? -insistió agarrándome más fuerte para estar bien seguro de que no me escaparía. -De Londres. -¿Y qué piensas hacer?
Este grupo se vincula con personas que ocupan puestos públicos y escaparía del control de la PNC debido al apoyo logístico que recibe.
No sabía cómo escaparía de tal encadenamiento de desdichas, pero no dejaba de repetirse que ese estado era provisorio, ignorante sin embargo de lo que tenía que sobrevenirle.
En cuanto a nosotros, hombres vulgares, a quienes el cielo no ha dotado de tan grandes talentos y a quienes no ha destinado a tanta gloria, permanezcamos en nuestra oscuridad; no corramos tras una reputación que se nos escaparía y que en el estado actual de cosas no nos representaría jamás lo que nos ha costado, aun cuando tuviésemos todos los títulos para obtenerla.
El infame, pícaro, ladrón, debió de robármelas anoche a las nueve o las diez y se escaparía con ellas a las doce en el barco de la carga...
No: antes él la pondría en mí. 7 Allí el justo razonaría con él: Y escaparía para siempre de mi juez. 8 He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; Y al occidente, y no lo percibiré: 9 Si al norte él obrare, yo no lo veré; Al mediodía se esconderá, y no lo veré.
El día siguiente envió la justicia ministros suyos en busca y prendimiento de los criminales, sobrándoles los recelos de que el capitán de piratas se les escaparía en la ciudad (como otras veces había hecho), con que hallaron a propósito dejarle en el navío por entonces.
Por ese medio hubiéramos aparecido en la discusión más novicios que lo que conviene, y se nos escaparía de las manos el objeto que tratamos.
Abuelito: te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo; pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo.
Oh, si se quedaría siempre Para que yo refleje en él profundamente mi alma, Para que acaricie sus sentidos con mi sueño feliz Y en los ojos grandes y enfermos perder mi ser... ¡Si no escaparía!...
El tigre enojadísimo al reconocer a aquel loro pelado que él creía haber muerto, y que tenía otra vez lindísimas plumas, juró que esta vez no se le escaparía, y de sus ojos brotaron dos rayos de ira cuando respondió con su voz ronca: — Acer-cá-te más!
Acabando, pues, don Dionís con la vida de la esclava, y que ya no quedaba nada vivo en casa, si no era él, porque de mí bien creyó que iba de modo que no escaparía, y insistido del demonio, puso el pomo de la espada en el suelo y la punta en su cruel corazón diciendo: -No he de aguardar a que la justicia humana castigue mis delitos, que más acertado es que sea yo el verdugo de la justicia divina.