escabel


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escabel

(Del cat. ant. escabell < lat. escabellum.)
1. s. m. Mueble bajo, semejante a un taburete, que sirve para apoyar los pies el que está sentado siempre hay un escabel cerca de su sofá.
2. Asiento pequeño y sin respaldo. escaño
3. Persona o circunstancia de que alguien se aprovecha para medrar.

escabel

 
m. Tarima pequeña colocada delante de la silla para descansar los pies del que está sentado.
Asiento pequeño de madera, sin respaldo.
fig.Persona o circunstancia de que uno se aprovecha para medrar.

escabel

(eska'βel)
sustantivo masculino
taburete usado para apoyar los pies cuando se está sentado Veía películas sentado en una silla y ponía sus pies en un escabel.
Sinónimos

escabel

sustantivo masculino
Traducciones

escabel

SMfootstool, footrest
Ejemplos ?
Se celebraba la fiesta de la Virgen, su imagen, colocada en el altar mayor sobre un escabel de oro, resplandecía como un ascua de fuego; las notas del órgano temblaban, dilatándose de eco en eco por el ámbito de la iglesia, y en el coro los sacerdotes entonaban el Salve, Regina.
Entramos en una habitación bien amueblada, en la que el primer objeto sobre el que cayeron mis ojos era una cama de siete pies de largo y seis de ancho, y tan alta que había que subirse con ayuda de un escabel.
'conmemoración' En la saga Ynglinga, Snorri relata: Esto era la costumbre entonces que quien daba un banquete por el heredero despues de reyes o jarls, y asumía la herencia, debería sentarse sobre el escabel delante del alto asiento, y trajeron el tazón lleno que llamaban bragafull.
Creía que entre las rojas ascuas del hogar habitaban espíritus de fuego de mil colores, que corrían como insectos de oro a lo largo de los troncos encendidos, o danzaban en una luminosa ronda de chispas en la cúspide de las llamas, y se pasaba las horas muertas sentado en un escabel, junto a la alta chimenea gótica, inmóvil y con los ojos fijos en la lumbre.
Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, 5.35. ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey.
La Holanda, llamando a los ingleses para emanciparse de la tiranía española; los Estados Unidos admitiendo los servicios de la Francia para obtener su independencia; la España, lanzando de su seno con ayuda de los ingleses, a esa Francia que entonces como ahora, había logrado penetrar en el territorio ajeno por la puerta de la felonía y de la traición; a esa Francia que entonces como ahora, pretendió hacer una colonia de una nación independiente y fundar un simulacro de trono que le sirviese de escabel para sentar su planta y de apoyo para extender su influencia y su dominación...
Digolo y sé porque lo digo: yo he oido conversaciones, y he visto gestos y gestas: y á algunos buenos hombres de la calaña del vocabulero los he sentido hablar á lo somormujo y los he visto y veo gesticular avinagradamente, cuando advierten en el salon de Cortes sentados en un mismo escabel al obispo y al labrador, al Grande y á su vasallo, rozandose la seda con la lana, y mezclada confusamente capa negra con parda, uniforme con sotana y sotana con garnacha.
De hinojos las hermosas le pedían Que accediese a sus ruegos y a sus plantas Por escabel ebúrneo le ponían Los delicados senos y gargantas.
Bese mi soberbia planta, hunda la frente en el polvo, y el palacio de sus reyes de escabel sirva a mi trono.» Dijo, y de armas y guerreros por el Pirene fragoso torrente tremendo baja al hispano territorio.
desde el alto asiento, en que escabel te son alados coros que velan en pasmado acatamiento la faz ante la lumbre de tu frente, (si merece por dicha una mirada tuya la sin ventura humana gente), el ángel nos envía, el ángel de la paz, que al crudo ibero haga olvidar la antigua tiranía, y acatar reverente el que a los hombres sagrado diste, imprescriptible fuero; que alargar le haga al injuriado hermano, (¡ensangrentó la asaz!) la diestra inerme; y si la innata mansedumbre duerme, la despierte en el pecho americano.
Te daré como premio un trono hermoso, incorruptible, de oro; y mi hijo Hefesto, el cojo de ambos pies, te hará un escabel que te sirva para apoyar las nítidas plantas, cuando asistas a los festines.
Por permisión divina, tengo de revelarte grandes cosas. Toma un escabel y siéntate; gira en torno la mirada y dime lo que veas. Y su voz, argentina y dulcísima, se modulaba en inflexiones de suprema tristeza.