Ejemplos ?
Abríle con curiosidad, y vi que, en efecto, era un sainete, cuyo argumento se reducía a poner de relieve algunas escenas muy parecidas a las que acabo de referir, presenciadas por dos forasteros, asaz pulcros y timoratos, que de vez en cuando salen de entre bastidores, donde están ocultos, a lanzar al público una andanada de muy saludables, pero muy pedantescas observaciones, contra la profana costumbre de las Buenas Glorias .
Entonces viene éste, y con él, naturalmente, la tempestad, la cual se está entre bastidores aguardando que silben disimuladamente por adentro -que debiera ser por afuera- para salir a hacer su pedacito de papel, que es lo que los antiguos llamaban recurrir al cielo o valerse de máquinas.
Cada cual tenía su especialidad: el uno se sabía de memoria las óperas, y en el entreacto nos cantaba todo el acto pasado y el futuro; el otro estaba fuerte en argumentos: sabía al dedillo la letra de los recitados, y por él nos enterábamos de lo que decía el coro, y del motivo por qué andaba tan furioso el tenor, o la tiple tan melancólica; el de más allá despuntaba en la crónica de entre bastidores, y nos revelaba secretos psicofísicos, que son clave de muchas ronqueras, de varios catarros y de ciertos «gallos» intempestivos.
Los intentos de reconciliar a la familia de Orleans con Enrique V, intentos que comenzaron desde la muerte de Luis Felipe, pero que, como todas las intrigas dinásticas, solamente se representaban, en general, durante las vacaciones de la Asamblea Nacional, en los entreactos, entre bastidores, más por coquetería sentimental con la vieja superstición que como propósito serio, se convirtieron ahora en acciones dramáticas, representadas por el partido del orden en la escena pública, en vez de representarse como antes en un teatro de aficionados.
Emerenciana lo ayudaba, algún otro cómplice debía andar entre bastidores, toda la comedia se desenlazaría en casorio, y no era cuestión de tomarla por la tremenda para quedar en ridículo.
Los amigos que rodeaban a Pablo Leal, el autor, entre bastidores, ya no trataban de animarle, de hacerle tomar los ruidos que venían de la sala por lo que no eran.
Los amigos de Leal, los leales, los que le rodeaban, protestaban entre bastidores; contestaban, sin que desde fuera los oyesen, es claro, a los gritos del público.
Exasperado, afanoso de desbaratar la inicua trama, Cleto, mientras iba viviendo de milagro, empeñando ropa, procuraba reunirse con actores, colarse entre bastidores, arrimarse al teatro, su vocación -ya no le cabía duda-.
Lo sabía todo: su vida entre bastidores, sus apasionamientos momentáneos y ruidosos por mujerzuelas que se le comian la fortuna; hasta le habían dicho que tenía hijos.
Dos lágrimas ardientes saltaron de sus ojos; lágrimas invisibles. Entre bastidores se hablaba del caso: se envidiaba a Durof, un bobo con suerte.
¡Además, también me había prometido, me había jurado, me había dado la mano para afirmarme a mí propio que nunca, jamás, amén, en ninguna circunstancia y por ningún pretexto, atravesaría el lóbrego pasillo que conduce a la mortífera región de entre bastidores!...
¡Nada, salvo la paz!... (Mira hacia un lado y se pone precipitadamente el frac.) Pero ¡si está mi mujer entre bastidores!... ¡Ha venido y me está esperando!