ensillado

ensillado, a

adj. Se aplica a la caballería que tiene el lomo hundido.

ensillado, -da

 
adj. Díc. del caballo o de la yegua que tiene el lomo hundido.
Ejemplos ?
A pie pudo llegar a un rancho de las inmediaciones donde adquirió un caballo ensillado con que llegó hasta la estancia de Molina, de donde paso a Baradero, trasladándose de allí a Buenos Aires.
¡desafío, y muerte al canto! -Helay niña, ya estamos listos -dijo el arriero presentándome ensillado un caballejo negro, de revuelto y erizado pelaje.
El abrigo de cuero del señor colgaba de una percha a su espalda, y el sable y las pistolas estaban a su alcance; porque conservaba la vieja costumbre de tener las armas preparadas y un caballo ensillado día y noche, como solía hacer cuando aún podía montar a caballo y salir en persecución de cualquier montañés de que tuviera noticia.
El lecho estaba sembrado de peñascos y las aguas se quebraban en sus filos en flechas de cristal. Lo notable fue que, al volver la cabeza, vio un hermoso caballo ensillado, con una hermosa silla de cuero labrado.
-le decían a Apolo-; aprisa, corre, vuela, vete por la puerta de la bodega, que ya las Horas han ensillado y enfrenado a Flegón para que montes en él y escapes.
Hizo bien, pues cada uno, en este mundo, se las maneja como mejor le parece; y José pensaba que le convenía más salir en el más manso y dejar prudentemente que al otro se le fueran pasando los bríos con la caminata, antes de montarlo. Ensillado el malacara, desató el rosillo y montó, teniendo bien arrollado el cabestro con la mano derecha; pero el rosillo era asustadizo, y al verlo montar, pegó para atrás un tirón que casi lo voltea, volviendo sobre sí y queriéndose encabritar.
Él, de saco negro, de bombacha y bota, con el chambergo en la cabellera larga y canosa, rebenque en mano, con su crédito ensillado, esperaba para despedirse, que saliera el carro.
¿Vas o te hago ir más que de prisa? ¡Granizo!» El asistente no había ensillado el caballo? Pues don Juan Ruiz de Somocurcio se convertía en tempestad deshecha, y todo se le volvía gritar: «¡Rayos y truenos!
Por su continua y dura labor, puesta constantemente al servicio del bien ajeno, podía Bismarck compararse al caballo, cosa que hizo, en efecto, repetidas veces, por ejemplo, en la conocida frase: «Un buen caballo muere ensillado.» Así explicada, la frase «el caballo se negó a seguir adelante» no significa sino que el sujeto, fatigadísimo, experimentaba la necesidad de apartarse de los cuidados de la actualidad, o, dicho de otro modo, que se hallaba en vías de libertarse de las cadenas del principio de la realidad por medio del reposo y del sueño.
En los aleros disparejos, húmedos, musgosos, «achiguados», anidaban algunas familias de palomas, cuya aristocracia se remontaba a muchos años de la fecha y cuyos vólidos, aleteos y murmullos turbaban el silencio de aquel vasto patio donde permanecía muda y solemne la trilladora Ramson, las carretas inclinadas sobre los pértigos, y el caballo del patrón, ensillado permanentemente, y espantándose las moscas con la cola, debajo de un nogal.
Allí, saca a rebencazos un caballo que se encabrita, corcovea, y se oye toda una explosión de golpes secos en la grupa del animal y de pisotones y de patadas, hasta que el caballo, cortando bozal y cabestro, dispara, ensillado.
Sin comer, sin tomar agua, sin hacer más movimiento que el de cambiar de cuando en cuando la pata en que descansa, enfrenado, ensillado con el pesado recado, bajo los rayos ardientes del sol, las ráfagas de viento y de tierra o los torrentes de lluvia, ahí queda, sufrido, paciente, triste.