Ejemplos ?
En la suculenta cena de la noche entre el besugo y la ensalada de coliflor, al destaparse una botella de espumoso, sonaron estas palabras extrañas en boca de la amansada arpía, y respondiendo a planes e iniciativas de las muchachas: -Niñas, ¿cómo se entiende?
DON HERMÓGENES ¡Oh, eso se nos olvidaba! ¿Y el mal tono, y las chocarrerías del lenguaje? MARQUESA La ensalada de berros... y la cazuela de albondiguillas...
Así que colaboremos y buenos guisos tendremos. Ensalada de prodigios Pulgarcita Roja y Caperucita Blanca se encontraron en el bosque de los arbustos lluviosos y se pusieron a platicar sobre el pez dorado.
Terminado que hubo la comida, levantóse de la mesa, ahíto de sopa, de jureles y de ensalada de escarola, el Carambuco, y -Ahora debía usté jacer otra cosa pa que resultara to más reondo que una piña - díjole al Talabartero, al par que se desabotonaba el chaleco.
acía muchos años que Francisco, un hortelano que vivía con algún desahogo cultivando con esmero coles, berzas, ensalada y otras verduras, había abandonado por completo un pozo que había en uno de los rincones de la huerta; y de él prescindió porque casi desapareció el agua, que antes había sido muy abundante, muy buena y muy cristalina.
Lo primero que hizo fue abrir un gran armario, coger varias botellas y verter parte de su contenido en mi boca. Supongo que las cogió al azar y sin elegir, pues me dio anisete, salsa de anchoas y un preparado para la ensalada.
Todo el mundo abrió las cestas y se dispusieron a preparar la comida. Patillas rojas dijo que él sabía hacer la ensalada; no lo creo, pero así se atrajo la atención del público.
-Por eso Voy solo... ¡A ver!... Acércame esa ensalada... -Sin embargo, convendría que te ayudase alguien. ¡Vas a echar un siglo en derribar la Torre, y hasta quizás no sepas componerlas para revolcarla toda!...
Así, Erdosain no olvidó jamás este hecho: Fue un anochecer en que habían ido a tomar un vermouth. Acompañando la bebida, el mozo trajo un platito de papas en ensalada, con mostaza.
«Los brazos se removían bajo las gruesas ligaduras, era una desesperada faena de huesos y de músculos espantados. «–¿Te acordás, canalla, te acordás de las papas, de la ensalada volcada encima de la mesa?
Luego el Astrólogo trajo caldo amarillo de yemas de huevos, una bandeja de espárragos nadando en aceite, ensalada de alcachofas y más tarde pescado.
Barsut clavó con tal avidez el escarbadiente en un trozo de papa que volcó la ensalada sobre el mármol ennegrecido por el roce de las manos y la ceniza de los cigarrillos.