enredadera

(redireccionado de enredaderas)
También se encuentra en: Sinónimos.

enredadera

1. adj / s. f. BOTÁNICA Se aplica a las plantas de tallos trepadores, que se adhieren a las superficies verticales gracias a unas pequeñas raíces adventicias la hiedra y la pasionaria son enredaderas.
2. BOTÁNICA Planta de tallos trepadores y flores en forma de campanilla y de color rosado.
NOTA: Nombre científico: (Ipomaea sagittata.)

enredadera

 
adj.-f. bot. Díc. de la planta de tallo voluble o trepador.

enredadera

(enreða'ðeɾa)
sustantivo femenino
botánica planta que tiene tallo trepador y nudoso plantar una enredadera
Sinónimos

enredadera

sustantivo femenino
Traducciones

enredadera

convolvolo, vitigno

enredadera

SF (Bot) → climbing plant, creeper
enredadera de campobindweed

enredadera

f. vine.
Ejemplos ?
Las enredaderas descolgándose del muro; las parietarias revistiéndolo de felpa y follaje caprichoso; las altas agrostis tendiendo su nubecilla, su misterioso asfumino vegetal; la misma zarza de rosados ramilletes..., ofrecen un aspecto graciosamente libre, encantador.
Las enredaderas, interpoladas entre las pencas espinosas, se han marchitado; y el entreveramiento de sus bejucos tostados, evoca en la imaginación, enjambre de víboras en celo.
Madres, si me matan, y muero en los bosques o en mitad del llano, pide a los soldados que te den tu muerto; que los labradores y las labradoras y tú y mis hermanas, derramando flores, hasta un pueblo manso se lleven mi cuerpo; que con unos juncos hagan angarillas, que pongan mastranto y hojas y cayenas y que así me lleven hasta un cementerio con cerca de alambres y enredaderas.
Las mismas lianas, y los espartos y juncales, y las enredaderas silvestres, si bien estorbaban la marcha por el monte, contenían fibras sólidas y resistentes, susceptibles de alimentar una industria sin par.
El chico subió, y aunque estaba asustado, habló un rato. Dijo que en el bosque hay árboles gigantes, enredaderas y florecillas. Cuando concluyó, pasó otro chico a la tarima, después otro.
Cuando Elena hubo concluido de tocar y la última nota se apagó en el aire, Luisa, que aún permanecía en el balcón arreglando las guías de las enredaderas, exclamó dirigiéndose a su hermana: - Tú dirás lo que se te antoje, me tratarás de zarzuelera y de ignorante, pero yo te digo con toda verdad que no sé qué mérito tienen esas algarabías alemanas que dicen que es un vals y que yo, por más que hago, no encuentro el modo de que pueda bailarse.
Aquella casa con claustros coloniales, portón y enredaderas, el molino de viento y los granados, los grandes libros de la biblioteca -mis libros preferidos: tres tomos con imágenes que hablaban de los reinos de la Naturaleza-.
Y algunos minutos después, cuando ya el famoso don Paco, jadeante y cubierto de sudor, veía destacarse a lo lejos el pequeño balcón lleno de flores y enredaderas, donde solía ver luciendo sus gallardías a la hembra de sus pensamientos; cuando ya divisaba cercano el fin de la fatigosa caminata y disponiase a gozar de su triunfo, vio, lleno de asombro y de ira, pasar por su lado, suelta y gallarda, rápida y sonriente y llevando su cántaro al cuadril, a Dolores la Jarampera.
Yo, asustado, me dispuse a huir, pero cuando aterrado iba haciéndome para atrás, sentí en mi espalda las filosas ramas de otros árboles fantasmales y largas enredaderas iban aprisionando mis piernas y ascendían sobre mi cuerpo, sujetándolo.
Las enredaderas huyeron como aparecieron y me dejaron libre… Un zumbido principió a despuntar el silencio y su ruido en creciente fue escuchándose cada vez más cercano.
También veía lirios morados gigantes que se desplazaban con elegantes ritmos y unas como enredaderas platinadas me envolvían, me acariciaban y se alejaban jugueteando.
Invadía el sol con su radiante oleada de luz la mitad de la calle de Huerto de Monjas, calle estrecha y de humildes edificios, decorados casi todos en rejas y balcones por tiestos y macetas, donde a la esplendorosa luz de la mañana fulgían como rubíes los geráneos, las dalias rojas como perfumados purpurinos panales, y como de amatista las campánulas que salpicaban los verdes faldellines de las flotantes enredaderas.