Ejemplos ?
Las primeras veces cargaron sobre Micaela las pullas y chanzas de sus compañeras; pero acabaron por acostumbrarse a la presencia de aquel zagalón, que parecía un cacho de pan. -¡Ene!
No. PAN-FC-011-0074 Quito, 14 ENE. 2011 Señor Economista Rafael Correa Delgado PRESIDENTE CONSTITUCIONAL DE LA REPÚBLICA DEL ECUADOR En su despacho Señor Presidente: La Asamblea Nacional, de conformidad con las atribuciones que le confiere la Constitución de la República del Ecuador y la Ley Orgánica de la Función Legislativa, discutió y aprobó el Proyecto de LEY ORGÁNICA DE EDUCACIÓN INTERCULTURAL.
El muy bellaco era de paladar delicado. Los sentenciados respondieron rotundamente: «La disyuntiva es tal, señor alcalde, que preferimos la ene de palo».
El Rey del Monte y tres de sus compañeros estaban condenados a muerte de horca. La ene de palo se alzaba fatídica en el sitio de costumbre, frente al callejón de Petateros.
Al verse mi hombre en tal sitio vuelve a pensar en su desaliño y desaseo, y trasuda, y pide que le dejen un momento para lavarse, y..., pero en vano: el obsequiador y su familia le dicen que está muy bien, que aquélla es su casa, que los trate con franqueza y otras frases de ene, que ni quitan el polvo, ni atusan el cabello, ni desahogan el cuerpo; pero que manifiestan que está mal, que aquélla no es su casa y que no hay asomo de franqueza.
Eran las nueve de la mañana del 13 de octubre de aquel año, cuando Valentín, entre doble fila de alguaciles y soldados, llegaba al pie de la ene de palo alzada en la plaza Mayor.
Por tanto: Mandamos á todos los Tribu­nales, Justicias, Jefes, Goberna­dores y demás Autoridades, así civiles como militares y ecle­siásticas, de cualquier clase y dignidad, que guarden y hagan guardar, cumplir y ejecutar la presente ley en todas sus partes. Dado en Palacio á 10 de Ene­ro de 1879.El Ministro de Fomento, C.
Cuando un extranjero llegaba a una ciudad, empezaba por adorar a los dioses del país. Jamás se dejó de venerar a los dioses, incluso a los de los ene­migos.
Sólo que, los domingos, solían reunirse mozos, o para deportes de fuerza física, barras y pelota, o para dar tormento a los naipes. Y no puede uno a veces negarse; un mutil es un mutil, ¡ene!
Convénzase el lector por este tro- cito que, literalmente, copiamos de la página 199 .—«Las fuer- »zas fueron, próximamente, de unos ocho mil hombres de cada »parte, como con buenos datos lo probaremos en nuestra His- »toria, (así será de embustera esa Historia) para donde, igual- emente nos reservamos analizar la conducta de Canterac, y »si hubo ó no traición por parte de este jefe, al que desde »Junín lo llamaban el francés.» No hubo, pues, según el histo- riador loyolista, gran proeza en vencer á número igual de ene- migos, y menos cuando la traición fué aliada de los vencedores.
–Es verdad. –Cásate, pues, cásate, con una cualquiera de las ene de que estás enamorado, con la que tengas más a mano. Y sin pensarlo demasiado.
Para nosotros los fumadores es usted, amigo Ballén, más tremendo ene­ migo que aquel morazo como un trinquete y gran goloso de manzanas en agraz, de quien cuentan las historias que exigía de España, por vía de étrennes, al comienzo de cada año, el tributo de cien doncellas como cien perlas panameñas.