Ejemplos ?
El humo tenue de los cigarrillos de Oriente ondeaba en sutiles espirales en el círculo de luz de la lámpara atenuada por la pantalla de encajes antiguos.
Los días que hacía bueno bajaba a la huerta. El rocío había dejado sobre las coles encajes de plata con largos hilos claros que se extendían de una a otra.
Por fin entre aquel maremágnum de rasos, terciopelos, encajes y sedas, apareció una bata negra, lisa, completamente lisa, algo pasada de moda, ..
Llora en un pañuelo que no tenga encajes; ponme tu pañuelo bajo la cabeza, triste todavía por las despedida del último sueño, bajo la cabeza como casa sola, densa de un perfume de inquilino muerto.
Hay quien dice que jamás ha sido tan refinada y tan adorable la parisiense como en tiempos de «la santa muselina»; es decir, desde 1830 á 1838, en que el velo simpatizó de lo lindo con el sombrero, y éste hizo también grandes migas con las gasas de Menfis, las batistas del Mogol, las muselinas de Colconda, los encajes de Malta, la batista «Manfrignense»—¡oh, Balzac!—, el tul, los encajes Chantilly, Inglaterra y Bruselas, á más de los festones de puntilla y los primorosos bordados que hacían del velillo un verdadero primor.
Cual respondiendo a la queja de Wagner, nocturno viento, con melancólico acento, en los sauzales se queja; mi Pesimismo se aleja al compás de tus arpegios; y brillantes florilegios de ritmos pueblan las frondas que visten lunares blondas de plata y encajes regios...!
Había ido creciendo a lo largo del tiempo, a costa de horas, bajo fuertes jaquecas, pero también como fruto de claras noches, es decir, de bailes cortesanos. Emilia había asistido ya al primer baile; su madre llevaba un vestido rojo brillante, con encajes negros: traje español.
La prueba de que seguiría siendo chiquilla, eran las dos muñecas enormes, vestidas de sedas y encajes, que encontró en su tocador, muy graves, con caras de tontas, sentadas en el confidente de raso.
El general se presentó de Rubens, en traje español con alzacuello y daga, muy apuesto; la generala iba de esposa del pintor, en vestido de terciopelo negro cerrado hasta el cuello, horriblemente caluroso, con una rueda de molino alrededor del cuello - quiero decir un gran alzacuello, naturalmente -, reproducción exacta de un retrato flamenco que poseía el general y que solía provocar la admiración por las manos, muy parecidas a las de la generala. Emilia iba disfrazada de Psiquis, en crespón y encajes.
Una bata blanca llena de encajes ceñíase dúctil y tentadora a su cuerpo, donde cada curva era un espolazo en los sentidos para todo el que en ella posaba sus ojos; de nácar parecía su semblante oval y de graciosa expresión, y de azabache parecían sus ojos grandes y adormilados, sus cejas pobladísimas y la reluciente crencha que rizábasele sobre la tersa frente.
Esas bellezas veladas en blanquísimos encajes que en elegantes carruajes se deslizan más allá: esos jinetes veloces que cruzando por entre ellas buscan en vano las huellas de algún ausente quizá: esa armonía que elevan con murmullos diferentes, los árboles y las fuentes y la inquieta multitud: las sombras con que su suelo entapizan por doquiera los hombres en su carrera, los olmos en su quietud.
Los políticos oportunistas e hipócritas quienes quieren cubrir su cobardia y su interés egoísta con los encajes de una civilización que desconocen, haciendo alarde de sensiblería y de histerismo creen sentar plaza de hermanos; cuando en realidad se encuentran moralmente al nivel de tres animales inferiores: la hiena, el cocodrilo y el ratón; porque les gusta comer cadáveres, porque lloran y porque son el azote de los graneros públicos.