Ejemplos ?
Tenga la bondad de comparar el capítulo XXXII, en el que se dice: «El movimiento de eliminación, la transformación de los medios de producción individuales y dispersos en medios de producción concentrados socialmente, la conversión de la propiedad enana de muchos en propiedad colosal de unos cuantos, esta dolorosa y torturante expropiación del pueblo trabajador es el origen, es la génesis del capital...
Miré hacia la puerta, pero no vi nada; volví a mirar, pensando cuánto tardaba miss Mowcher en aparecer, cuando, con gran sorpresa, vi surgir al lado de un diván colocado entre la puerta y yo a una enana de unos cuarenta o cuarenta y cinco años; tenía la cabeza muy grande, los ojos grises, muy maliciosos, y los brazos tan cortos, que para acercar el dedo con picardía a su nariz, mientras miraba a Steerforth, se vio obligada a bajar la cabeza para acercar la nariz al dedo.
Y su gran sombrero, tan poco apropiado a su estatura de enana, se balanceaba siguiendo los movimientos de su cuerpecito y haciendo bailar al unísono tras de ella, en la pared, la sombra de un sombrero gigantesco.
Steerforth, cediendo a sus instancias, se sentó de espaldas a la mesa, y volviendo hacia mí su rostro sonriente, sometió su cabeza al examen de la enana, evidentemente sin otro objeto que el de divertirnos.
-Veintiocho -repuso el guardián, hablando en voz baja y por encima del hombro, sin volver la cabeza, como si temiese que Creakle y sus acompañantes le oyesen hablar con aquella culpable irreverencia de las dos criaturas inmaculadas-, Veintiocho, igualmente condenado, entró al servicio de un joven a quien la víspera de su partida para el extranjero robó doscientas cincuenta libras en dinero y en valores. Lo que me recuerda muy particularmente su asunto fue que le detuvo una enana.
-Si hubiera dejado sospechar a su pérfido amigo que no por ser enana dejaba de tener un corazón como el de cualquier otro -continuó, moviendo la cabeza con expresión de reproche-, ¿cree usted que me habría demostrado nunca el menor interés?
Ufanos la engalanaron a porfía los Abriles, con cuantas juntaron gracias, uno tras otro hasta quince. Diéronla negros cabellos, cutis que afrenta a los cisnes, dentadura igual y enana, cuello torneado y flexible.
Salieron, llevando cada cual su enana silla de paja, a sentarse junto al cercado del tapir, ante el explayado de arena sin una jaula, y que a la luz de la gran luna brillaba solitario como un pequeño desierto.
Le casauan al ciego con otra ciega, al cojo con otra coja, al mudo con otra muda, al enano con enana, al corcobado con corcobada, el naris hendido con otra de naris hendida, para el multiplico del mundo.
Entretanto, la vegetación iba tomándose gris y quebradiza. Incluso las flores, cuyos colores hablan sido tan extraños, se volvían grises ahora, y la fruta era gris y enana e insípida.
Termina en ella el puerto, y, siguiendo hacia el sur, se va, por estrecho y arenoso camino, teniendo a diestra el mar y a izquierda mano angostísima faja, ora fértil, ora infecunda, pero escarpada siempre, detrás de la cual, a oriente, extiéndese el desierto cuya entrada vigilan de trecho en trecho, como centinelas, una que otra palmera desmedrada, alguna higuera nervuda y enana y los toñuces siempre coposos y frágiles.
Por cima de los árboles copudos, afrenta audaz de su estatura enana y sus silvestres pabellones rudos, la gigantesca torre de los vigías se levanta ufana ceñida de exquisita filigrana que al encaje sutil parejas corre.