Ejemplos ?
DON JUAN (Aparte.) Ya sosiega mi cuidado y mi enamorada vida alienta,107 ya sin recelos, pues la tormenta de celos veo ya desvanecida.
Y Esther, la de la bíblica espesura, nacida del amor enamorada, llevando a cuestas su penar de nácar también se levantó sobre bajuras.
Escucha ¡Blanca bella! La voz enamorada (181) De tu libertador, y oirá en ella Tu alma acongojada Consoladora música encantada. Yo nací oh ¡Blanca!
la atienden allá los médicos en el CDI de San Felipe y me dice: Estoy enamorada de un médico cubano pues, a lo mejor me voy para Cuba, imagínate tú (risa).
Y dando media vuelta salió Pedro bruscamente de casa del señor Paco el Levantino, haciendo palidecer a la enamorada de Antoñuelo el Gaviota.
Su inclinación era el estudio perpetuo; su entendimiento, juicioso, y su voluntad siempre enamorada de lo lícito, y siempre obediente a lo mejor.
Diciembre de 1918 (Granada) A Melchor Fernández Almagro Princesa enamorada sin ser correspondida. Clavel rojo en un valle profundo y desolado.
Yo a los pies caí de Rosa; para mi alma enamorada era el mundo entero nada: sólo a Rosa vi yo en él; pero Rosa era orgullosa, y de un día en el espacio, con el aire del palacio se olvidó de mi vergel.
Tal vez sentía su nido dejar allí abandonado do habría tal vez gozado de su ventura mayor; mas ciega y enamorada, y acaso falta de aliento, iba a lanzarse en el viento para seguir a su amor.
Todas las noches se sienta su sombra junto a mi lecho; y apoyándose en el pecho donde abrigo a su amor di, con presión que no calienta, con voz que apenas percibe mi oído que la recibe, me pregunta: «¿Me amas, di?» Y yo siento que mi aliento flaco y lento le responde: «¡Te amo, sí!» Y la sombra enamorada en mi frente un beso deja, y a pesar suyo arrastrada por la atmósfera se aleja, y exclama desesperada: «¡Me ama!, ¡le amo… y le perdí!
Entreabierta tenía su ventana la enamorada niña, con la esperanza vana de sentirle mejor cuando volviera, y oyendo sus pisadas desde lejos, y alcanzándole a ver con los reflejos de un vecino farol, presto le abriera; y al conservado fuego se enjugara, y los húmedos miembros arrecidos al calor agradable restaurara.
Si yo a exigir me atreviera que el público me dijera si aceptaba o no la Rosa que vine a ofrecerle aquí, ¿en todo el salón no hubiera ni un amante calavera, ni una enamorada hermosa que me dijera que sí?