Ejemplos ?
- Creo que aquella mujer que está de cuerpo presente en el fondo del cuadro era el alma y la vida de este fraile que agoniza contra el suelo; creo que, cuando ella murió, él se creyó también muerto, y murió efectivamente para el mundo; creo, en fin, que esta obra, más que el último instante de su héroe o de su autor (que indudablemente son una misma persona), representa la profesión de un joven desengañado de alegrías terrenales....
Dijérase que aquella diosa honrada de la clase media había estudiado su modo de vestirse, de peinarse, de mirar, de moverse, de conllevar, en fin, los tesoros de su espléndida juventud en tal forma y manera, que no se la creyese pagada de sí misma, ni presuntuosa, ni incitante, sino muy diferente de las deidades por casar que hacen feria de sus hechizos y van por esas calles de Dios diciendo a todo el mundo: Esta casa se vende...
¿Sabes que todos los días roba, en distintos puntos de estas sierras, a algunos pasajeros; y después los asesina, pues dice que los muertos no hablan, y que ése es el único medio de que nunca dé con él la Justicia? ¿Sabes, en fin, que ver a Parrón es encontrarse con la muerte?
Pero he aquí que cierta injusticia cometida por nuestro Jefe en daño de Ramón; uno de esos abusos de autoridad que disgustan de la más honrosa carrera; una arbitrariedad, en fin, hizo desear al Teniente de cazadores abandonar las filas de sus hermanos, al amigo dejar al amigo, al liberal pasarse a la facción, al subordinado matar a su Teniente Coronel....
Conocieron, en fin, que lo único verdaderamente útil y eficaz que podían hacer por el desventurado, era llamar en seguida a un facultativo...
¡Que de todos modos la detestaré con mis cinco sentidos! ¡Y, en fin, que si no viene pronto, hoy no habrá tute! El tute era una comedia y hasta un drama diario.
¡Condesa! ¡Llame usted a su hija y dígale que no me queme la sangre! En fin; ¡mejor es que no juguemos al tute! Conozco que no puedo con usted...
Es, en fin, la gloria de los dioses y de los hombres, el mejor y más hermoso de los dueños a quien todo mortal debe de seguir y repetir en loor suyo los himnos que él mismo canta para derramar la dulzura entre los dioses y entre los hombres.
-Pos yo, gracias a Dios y a su Madre Santísima, y en güena hora lo diga, lo que es en lo tocante a eso estoy la mar de sin cudiao, porque es que pa mi Pepa los hombres son mismamente como si fueran escarabajos; no le diré a usté más sino que jace cuatro o cinco días le salió una proporción, pero que una proporción: un tal Manuel el Zurito, que es oficial en la carpintería del señor Frasquito el Pringue, un mozo la mar de bien plantao y la mar de simpático, y pa ser tó flor, jasta no tiée más parentela, según dice él, que una hermana, viuda de un guardacalle, y un hombre, en fin...
Tú suponte que yo, Paco el Piri, un gachó que ni debe ni teme, con veinticuatro años no cumplíos entoavía, con un corazón más grande que un bocoy; un mozo que se ha criao en los mejores pañales, que tiée una barbería a la que no hay hombre de cartel en to el barrio, que no vaya a soltar er pelo y a que le enjabonen los carrillos; un hombre por el cual, y no es alabancia, subirían descalzas las mejores mozas del distrito a la mismísima cresta del Calvario; el hijo de mi mare, en fin, acaba de sufrir un sofión de Pepa la Golondrina, que le ha puesto encarná jasta la punta del pelo.
-Y a mí tamién, amigo, a mí tamién se me agrian, porque yo creo que no debemos platicar más que lo preciso, tanto es asín que yo no platico más que cuando los hombres me son mu simpáticos y ya los he tratao una miaja. Pero, en fin, vamos a ver esos bichos, a ver si me petan.
-Pero en fin voy a ver si puéo a probarte más pronto que un tiro que lo que ha jecho el Tobi no ha sío más que trabajar como un peón porque las cosas lleguen a donde él no quería que llegaran, y si no, vamos a ver -¿por qué ha sío el meterle la puñalá que le ha metío a Joseíto el Carambuco?