Ejemplos ?
No se la volvió a ver en un teatro hasta que años después el hambre la echó otra vez a los de provincias, como echa al lobo a poblado en el invierno.
El Comité Central, ya en el invierno de 1848-49 mostró la necesidad de esta reorganización y envió con esta misión a José Moll; pero su trabajo no ha dado resultado.
Cuan espesos caen los copos de nieve cuando en el invierno Zeus decide nevar, mostrando sus armas a los hombres, y adormeciendo a los vientos, nieva incesantemente hasta que cubre las cimas y los riscos de los montes más altos, las praderas cubiertas de loto y los fértiles campos cultivados por el hombre, y la nieve se extiende por los puertos y playas del espumoso mar, y únicamente la detienen las olas, pues todo lo restante queda cubierto cuando arrecia la nevada de Zeus: así, tan espesas, volaban las piedras por ambos lados, las unas hacia los teucros y las otras de éstos a los aqueos y el estrépito se elevaba sobre todo el muro.
Y somos la gente más mal aposentada en el mundo, porque en el invierno nos ponen en los sótanos, y los veranos en los zaquizamíes.
Yo soy tú... uno más de los que sueñan descubrir en una lágrima el secreto para hacer con su humedad sonrisas de verano en el invierno.
En campaña estaba a mi lado. En los caminos me servían sus brazos de puente para pasar los ríos. En el invierno se tendía a mis pies para abrigarlos.
Yo leía el otro día en algunos diarios que algunos "expertos", así fueron calificados en algún medio, pronosticaban que íbamos a tener problemas en el invierno, los mismos que pronosticaban que íbamos a tener problemas en el verano y en el invierno pasado.
Pero no un pedazo de madera lujoso, sino un leño de esos con que en el invierno se encienden las estufas y chimeneas para calentar las habitaciones.
Sin la preocupación cotidiana de levantarse temprano, sobre todo en el invierno, con la frialdad de sus bofetadas, con el estruendo de su helada piel.
"El camino de Loxa a Zaruma era áspero, agro, malo, destemplado, solo y de muchos lodos, páramos y punas y resbaladeros y, en el invierno, difícil de andar por los ríos y malos pasos" (3).
Yo al principio de su entrada, pesábame con él y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas de que vi que con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne, y en el invierno leños, a que nos calentábamos.
Si se habla de cafés, no hay uno bueno: habitaciones que se hicieron para todo menos para café, ahogadas y mezquinas, frías como neveras en el invierno, pudiendo tener a poca costa una estufa siquiera.