Ejemplos ?
EL AMIGO DE APOLODOROS.- No es éste el momento a propósito para disputar. Ríndete sin más tardar a mi petición y repíteme los discursos que se pronunciaron en casa de Agatón.
Le pregunté adónde iba tan compuesto. -Voy a cenar en casa de Agatón, me contestó. Rehusé asistir a la fiesta que dio ayer por temor al gentío, pero me comprometí a ir hoy; por esta me ves tan engalanado.
A las nueve en punto corría a la puerta de calle y recibí yo misma a mi novio. ¡Él en casa, de visita! —¿Sabes que la sala está llena de gente?—le dije—.
He olvidado decir que mi novio me visitaba entonces todas las noches; pero pasábamos casi todo el tiempo sin hablar, como si ya nuestras frases de cariño no tuvieran valor alguno para expresar lo que sentíamos. Cada vez se retiraba él más tarde, cuando ya en casa todos dormían, y cada vez, al irse, acortábamos más la despedida.
¿Qué demonios podía temer tras esa corrección higiénica? En casa concluyeron por tranquilizarse, y como la epidemia —provocada por una crisis de llover sin tregua como jamás se viera aquí había cesado casi de golpe, la vida recobró su línea habitual.
Después había notado el Cachete un cambio brusco en su conducta: la Gorgoritos estaba alegre, brillábanle los negrísimos ojos como en los días más felices, como en los días aquellos en que él cantábale sus amores en murcianas y soleares en el hondilón del Canela; además, procuraba acercársele lo menos posible; siempre tenía un motivo para justificar su alejamiento; era mucho lo que tenía que hacer; la pólvora íbase acabando de modo alarmante; ya las reservas estaban casi todas en casa del boticario; además, las cuatro joyas de alguna valía estaban a buen recaudo en casa de agüelito y pronto, de seguir la cosa como iba, tendrían que irse el uno al hospital y la otra a que le diera el relente en Martiricos.
La proposición les agradó: el mayor resolvió ser herrador, el segundo barbero y el tercero maestro de esgrima. Se separaron, conviniendo estar en casa de su padre en un día señalado.
Cada uno de ellos se puso en casa de un buen maestro, que le enseñó bien el oficio. El mariscal herraba los caballos del rey, y creía que la casa sería para él.
Sus frecuentes ausencias nocturnas, que eran celebradas por el prefecto como una buena ayuda a sus éxitos, las miré únicamente como astucias para procurar a la policía la oportunidad de hacer un completo registro, y hacerles llegar lo más pronto posible a la convicción a la G llegó por último, de que la carta no estaba en casa.
11.- El presente Decreto entrará en vigencia treinta días después de su publicación en el Diario Oficial. DADO EN CASA PRESIDENCIAL: San Salvador, a los once días del mes de febrero de mil novecientos ochenta y uno.
-En casa éramos doce -corrobora la tuerta, con tono de indefinible vanidad-, y mi madre baldada, y yo cuidando de la patulea, porque fui la más grande.
¿Qué dirían de mí en el Casino? ¿Qué dirían los que me encontrasen en la calle con una mujer del bracete, o en casa, dándole papilla a un rorro?