Ejemplos ?
Templos maravillosos desafiando a los siglos, fortalezas enormes retando a los vestigios, ciclópeos caminos, evocación a Roma, canales milagrosos fecundado la tierra estéril de la costa y de la empinada sierra; y crearon la vida por el llano y la loma.
La española, con una sonrisa, me tomó de un brazo y me dijo que me llevaría todo a mi pieza. Al volver, por el corredor, vi al pie de la escalera —alta y empinada— a la señora Margarita.
Y el viejo plantose en mitad del camino hasta perder de vista al Caravaca, que aléjase al rápido trotar de su caballo por la, en aquellos instantes dorada por el sol, empinada carretera.
Los ocho jodedores, durante la comida, podrán manosear todo lo que quieran los cuerpos desnudos de las esposas, sin que éstas puedan negarse o defenderse; podrán también llegar a insultarlas y a servirse de ellas con la verga empinada, apostrofándolas con todas las invectivas que quieran.
La audaz peregrina quedó envuelta en las tinieblas más profundas. Se adelantó a tientas; iba cuesta arriba; la cuesta era más empinada mientras más se elevaba.
III Los hijos de Alvargonzález, por una empinada senda, para tomar el camino de Salduero a Covaleda, cabalgan en pardas mulas, bajo el pinar de Vinuesa.
Palma a chapelet o para rosarios, la pusieron los españoles y franceses este nombre a causa que su simiente es apta para hacer rosarios, cuyas cuentas son pequeñas, duras y fáciles a horadar; crece esta cuarta especie en las cumbres de las más altas montañas, con muy empinada elevación, mas muy estrechos y poblados de muy pocas hojas.
Tiembla la avecilla débil, canta el ave triunfadora, y en espiral rapidísima caen a la tierra una y otra, y el lance a juzgar alegres los cazadores se agolpan, y con aplausos y risas a celebrar la victoria. Contentísimo está el Rey, contenta la corte toda, y las damas que esto miran desde una empinada loma.
mas justo será añadir como fiel historiador, que mientras seguía el baile y de los brindis el son, el Capitán y Ginés salían al dar las dos, de la empinada Toledo por las puertas del Cambrón.
A los tres meses, día por día, llegó la hora en que el pueblo se rebullese alrededor de una empinada horca en la plaza de Guamanga.
El cortejo de clérigos comenzó a desfilar por la empinada escalera, a través de la trampa del suelo, al tiempo que se volvían y hacían gestos amenazadores al desaparecer.
Haría cosa de unas horas que don Dionís se encontraba en aquel delicioso lugar, recostado sobre la menuda grama a la sombra de una chopera, departiendo amigablemente con sus monteros sobre las peripecias del día, y refiriéndose unos a otros las aventuras más o menos curiosas que en su vida de cazadores les habían acontecido, cuando por lo alto de la empinada ladera y a través de los alternados murmullos del viento que agitaba las hojas de los árboles, comenzó a percibirse, cada vez más cerca.