elástica

elástica

s. f. INDUMENTARIA Y MODA Prenda de vestir interior, de punto, generalmente con mangas.
Gran Diccionario de la Lengua Española © 2016 Larousse Editorial, S.L.
Ejemplos ?
El marido era bizco, de escasa talla, cetrino, de ruda y alborotada cabellera; gastaba ordinariamente una elástica verde remendada y unos pantalones pardos, rígidos, indomables ya por los remiendos y la mugre.
Rosario, sentada en una mecedora, taconeaba nerviosamente, mientras el Niño, de pie y apoyado un codo en el tablero de mármol de la cómoda, contemplaba con algo irónica y acariciadora expresión a la hembra que, gracias a un aguacero providencial, había él conseguido unir para siempre a su buena o mala fortuna; a aquella tan codiciada por Joseíto el Melones, además de por su renombre, por su semblante de tez morena, por sus ojos rasgados y brilladores, por su agitanado perfil, por sus labios encendidos como pétalos de rosas, por su pelo negro y rizoso que caíale sobre la nuca en abullonados remolinos, por la voluptuosa languidez de sus movimientos y por la elástica gallardía de su cuerpo arrogante...
El Guadalquivir, ancho y caudaloso, enviaba al aire límpidos vahos de frescura, regalados vapores que se impregnaban del azahar de los jardines y del jazmín de las rejas. Olía a amor; la atmósfera elástica y serena convidaba a efusiones de melancolía voluptuosa.
En el interior, un plano del pueblito, otro del partido, varios proyectos de iglesia y de escuela, estas aspiraciones natas de toda población naciente, irrealizables siempre, por falta de fondos, adornaban las paredes de la sala, con avisos para el pago de la contribución y de las patentes; en la mesa, un escribiente extendía una guía, ese documento de dos filos que, bajo pretexto de proteger los intereses legítimos del criador, se ha vuelto instrumento de su despojo, al buscar en él las municipalidades despilfarradoras, una elástica fuente de recursos, y cuya fácil falsificación permite a los empleados infieles aliarse con audaces cuatreros, para saquear, por otro lado, la propiedad del hacendado.
- Sintió Berta que se le llenaban los pulmones de aire de campo y de mar, y las venas de fuego; sintió en el cerebro esparcimiento de armonía, y cómo que el alma se le ensanchaba, y como que se ponía más elástica y tersa su delicada carne de mujer.
En aquel engarce felino, las pupilas de negra luz parecían retroceder tras la emboscadura de la barba que caía en punta sobre el pujante pecho, acentuando una impresión casi fatal de audacia y dominio. Dijérase que una elástica prontitud estaba vibrando en sus muñecas delgadas.
El chauffer: para este hombre no se hicieron los escrúpulos y como los anteriores tiene la conciencia bastante elástica y a disposición del mejor postor; se le ofreció una buena propina e hizo prodigios para ganarla.
Su corazón latía pesadamente. Parecíale que cada sístole diástole tenía que vencer la presión de una elástica masa de fango. Y era inútil que desde allí él intentara mover las manos para alcanzar el sol que estaba más arriba.
El iniciador tampoco, por su lado, quedaba del todo malparado; tenía ciento cuarenta solares de su propiedad que, sin haberle costado un peso, representaban un valor no solamente regular, sino también de curiosa peculiaridad elástica; pues, cada vez que, a los precios ya más altos que estaba en derecho de pedir, por el crecimiento de la población, vendía uno de ellos, aumentaba por eso mismo el valor de todos los linderos, tan bien que menos solares le quedaban, más plata representaban.
VI Marcha el tren tan seguido, tan seguido, como aquel que patina por el hielo, y en confusión extraña parecen confundidos tierra y cielo, monte la nube, y nube la montaña, pues cruza de horizonte en horizonte por la cumbre y el llano, ya la cresta granítica de un monte, ya la elástica turba de un pantano, ya entrando por el hueco de algún túnel que horada las montañas, a cada horrible grito que lanzando va el tren, responde el eco, y hace vibrar los muros de granito, estremeciendo al mundo en sus entrañas, y dejando aquí un pozo, allí una sierra, nubes arriba, movimiento abajo, en laberinto tal, cuesta trabajo creer en la existencia de la tierra.
Sin embargo, Tomás se negó resueltamente a ello: su conciencia era bastante elástica, pero ni el mismo diablo podía inducirle a dedicarse al tráfico del ébano humano.
No cabe duda; por dentro como por fuera. Los calcetines como el pensamiento, el corazón como la camisa elástica; ¡todo blanco! ¡Todo en orden!