egida

egida

(e'xiða)
sustantivo femenino
ver égida

egida

(e'xiða)
sustantivo femenino
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Ejemplos ?
Pakistán, bajo la egida del general Zia Ul-Haq, cuya política proseguiría tras su muerte (1988), tenía dos objetivos: eliminar la amenaza soviética con el fin de evitar quedar atrapado entre Afganistán y la India, aliados de la U.R.S.S., pero también establecer una especie de protectorado en un futuro Afganistán islámico.
Más seguro es el descanso, mientras sus caudales corran por su acostumbrada linde, mientras tenues acoja su seno las ondas. Asintió el Egida y: “Haré uso, Aqueloo, de la casa 560 y del consejo tuyo”, respondió; y uso de ambos hizo.
En el cual, después que la geminada figura de toro y joven encerró y al monstruo, con actea sangre dos veces pastado, 170 el tercer sorteo lo dominó, repetido a los novenos años, y cuando con ayuda virgínea fue encontrada, no reiterada por ninguno de los anteriores, esa puerta difícil con el hilo recogido, al punto el Egida, raptada la Minoide, a Día velas dio, y a la acompañante suya, cruel, en aquel 175 litoral abandonó.
No he visto todavía ni veré hombre como Piritoo, Driante, pastor de pueblos; Ceneo, Exadio, Polifemo, igual a un dios, y Teseo Egida, que parecía un inmortal.
En-tendemos que el señor Carrión Pinzano puso en las expertas manos del zarumeño Dr. Serafín Romero con la egida de Jefe Político la ejecución del plan que denuncia el documento que transcribimos a continuación.
Iba contra el adverso enemigo la prole de Ixíon, Pirítoo, con su vigorosa diestra batiendo unos venablos; al cual: “Lejos”, el Egida, “oh que yo para mí más querido”, dice, 405 “parte del alma mía, detente.
Era el caso que había junto, de sus figuras prominentes áspera, 235 una antigua cratera, que, vasta ella, más vasto él mismo, la sostiene el Egida y la lanza contra su cara a él opuesta.
Al que lo intentaba con un tronco de encina asalta el Egida y de su codo los ingentes huesos rompe y no más allá de entregar ese cuerpo inútil a la muerte u ocasión tiene o se preocupa, y a la espalda del alto Biénor 345 salta, no acostumbrada a portar a nadie sino a sí mismo, y le opuso la rodilla a sus costillas y reteniéndole con la izquierda la cabellera, su rostro y su amenazante boca con un tronco nudoso, y sus muy duras sienes, le rompió.
Tal vez un punto tu firmeza vieran De la impaciencia en las inquietas alas Los guerreros de Roma y suspiraron: En tu frente mirar tal vez creyeran La egida firme de la ardiente Palas Y mudos en su arrojo desmayaron; Quizas por un momento acallarían Su férvida arrogancia, Que inquietos contemplando tu constancia En su afan invencible te creían.
Láscaris, ayudado por dos de sus estudiantes, colocan una silla bordada de oro con un ramo de rosas para que el reo reciba su premio, haciendo alusión a que si no se entrega el premio a José León, él tampoco recibe el que le corresponde. En sus treinta años de presidio y en la colonia, José León constituye bajo la egida del Lic.