dulzaina

dulzaina

1. s. f. MÚSICA Instrumento musical de viento, parecido a la chirimía pero con el tubo más corto y sonidos más agudos, antecesor del oboe.
2. despectivo Mucha cantidad de dulce la mesa auxiliar estaba atestada de dulzainas y confites.

dulzaina

 
f. mús. Instrumento músico de viento de carácter popular.
Traducciones

dulzaina

Schalmei
Ejemplos ?
-- Las cañas dobles o de doble lengüeta producen un sonido muy diferente de las cañas únicas, y que tienen un origen más popular, como el oboe, el corno inglés, el fagot, la dulzaina y algunos órganos.
Durante estas fiestas se celebran verbenas nocturnas, en la Plaza Mayor (caso de las fiestas del Cristo) o en la Plaza de las Acacias (fiestas de Santiago y San Pedro). Cualquier fiesta es amenizada por la dulzaina, la banda de cornetas y tambores y la banda municipal.
Se perdieron, por desgracia, las antiguas danzas de paloteos al son de la dulzaina y del tamboril que se celebraban en las fiestas patronales..
(Colocándose en primer término el tamborilero y el que toca la dulzaina.) Tomillo Yo de pareja con mi mujer, otra no encuentro que haya mejor; tal vez por eso llegan a ser tantas las pruebas de nuestro amor.
La chiquillería pululaba en torno de él, dando cabriolas al compás de la dulzaina y aclamando a Dimoni, y los solteros del pueblo se reían de la gravedad con que marchaba delante de la cruz parroquial y le enseñaban de lejos un vaso de vino, invitación a la que contestaba con un guiño malicioso, como si dijera: «Guardadlo para después.» Ese después era la felicidad de Dimoni, pues representaba el momento en que, terminada la fiesta y libre de la vigilancia de los clavarios, entraba en posesión de su libertad en plena taberna.
(Así la miel del hombre es la poesía Que mana de su pecho dolorido, De un panal con la cera del recuerdo Formado por la abeja de lo íntimo.) La miel es la bucólica lejana Del pastor, la dulzaina y el olivo.
Apenas su dulzaina sonaba en la plaza, los muchachos corrían desalados, las comadres llamábanse unas a otras con ademán gozoso y los hombres abandonaban la taberna.
Mas no de la dulzaina meliflua te proveas, ni de ligeras cintas de coruscante seda, ni de pellico tenue cortado a la francesa, ni de leve sandalia y primorosa media, cual van en tus cantares los hijos de las selvas.
Si el tamboril o la dulzaina salían por las calles, no resonaban como aquel tamboril y dulzaina de mi aldea, que en la fiesta de San Antón congregaban todo el pueblo en torno de las hogueras y hacían bailar las parejas a su compás moruno con gravedad que no excluía ni la ligereza ni la gracia.
Y entonces era en la dulzaina un juego de misteriosas gamas cristalinas, un renovar de notas del Pan griego y un desgranar de músicas latinas.
Mientras tuviese la dulzaina en las manos no le faltaría pan, y dormía como un príncipe cuando, terminada una fiesta, y después de soplar y beber toda la noche, caía como un fardo en un rincón de la taberna o en un pajar del campo, y el pillete tamborilero, tan ebrio como él, se acostaba a sus pies cual un perrillo obediente.
Desde la niñez, el vino y la dulzaina habían absorbido todas sus pasiones; y ahora, a los veintiocho años, perdía su pudor de borracho insensible, y como uno de aquellos cirios de fina cera que llameaban en las procesiones, derretíase en brazos de la Borracha, sabandija escuálida, fea, miserable, ennegrecida por el fuego alcohólico que ardía en su interior, apasionada hasta vibrar como una cuerda tirante y que a él le parecía el prototipo de la belleza.